Tuits para usar

Diccionario de periodismo digital: Fuente

“Las fuentes. Las informaciones de que dispone un periodista sólo pueden ser obtenidas por dos vías: su presencia en el lugar de los hechos o la narración por una tercera persona. El lector tiene derecho a conocer cuál de las dos posibilidades se corresponde con la noticia que está leyendo. Para ello, se citará siempre una fuente cuando el periodista no haya estado presente en la acción que transmite.”

Libro de Estilo del diario “El País” de España

Pese a que El País aggiornó a Internet su clásico manual, no consideró necesario revisar su definición de fuente, en un tiempo en el que la presencia en el lugar de los hechos suele sustituirse por un streaming y la narración en tercera persona está intermediada por las redes sociales. En 2010 escribí sobre el fenómeno de las notuitcias, que recién daba sus primeros pasos, sorprendido por esta tapa:

Cuando la proporción de noticias originadas en Facebook, Twitter, Instagram o Snapchat aumenta cada día su espacio en los medios; cuando los presidentes de las naciones utilizan esta a diario vía de comunicación para contestar a la oposición o hacer anuncios de gestión; cuando hasta los periodistas se convierten en sommeliers de favs, en relatores de chats de Whatsapp o en cronistas de fotos de Instagram; es hora de repensar la idea de fuente.

Miren cualquier portal de espectáculos: prácticamente nada surgió de una gacetilla, una comunicación telefónica o la presencia “en el lugar de los hechos”. Todo nació en el mundo digital. La fuente se comunica directamente con sus fans, votantes o clientes sin que los periodistas puedan tergiversar sus dichos. La fuente buscaba al periodista, ahora el periodista busca a la fuente. Y la encuentra a la par que cualquier no periodista. El periodista ya no goza de su lugar de corresponsal ni le suma valor una agenda con teléfonos exclusivos. Basta un DM de Twitter para contactar a quien quiere ser contactado.

¿Qué papel pueden jugar los medios que vaya más allá de ser megáfonos de las fuentes? Con el recambio generacional, cuando el periodista ya no sirva para contarle a la señora de 70 lo que Tini Stoessel subió a Instagram, ¿cómo se va a reconvertir? Cuando un bot redacte noticias más o menos mecánicas de las peleas de Twitter más importantes del día, ¿qué van a publicar los portales de chimentos?

Una propuesta posible es despegarse de la “nota asterisco”, también conocida como “ampliación a cinco párrafos de algo que se resume perfectamente en un epígrafe”. En lugar de “la metida de pata del ministro”, “la pelea de las dos vedettongas” o “el nuevo nuevo nuevo tatuaje de la hija del conductor”, que el periodista haga su trabajo en serio. Es decir, que aporte valor agregado a la nota, que transforme datos en información. La versión más berreta suele usarse: es el ya clásico “Mirá los memes y burlas sobre la metida de pata/la pelea/el tatuaje”. Pero hay experimentos más creativos y reveladores.

Le Monde, por ejemplo, reconstruyó el periplo de los refugiados sirios a partir de sus mensajes de Whatsapp. Al Jazeera America, pudo narrar la evolución del movimiento prodemocracia de Hong Kong usando chats de Facebook. Un análisis pormenorizado de la cuenta de Twitter de Donald Trump reveló que los tuits de su equipo de campaña eran más contemporizadores que los que escribía él mismo, de un tono más agresivo. Y otro pudo deducir, a partir de sus tuits, los medios que usa el flamante presidente de EE.UU. para estar informado. Y hay más….

Dice Margarita Noriega, editora ejecutiva de Newsweek digital: “Si el trabajo del periodista es reportar y analizar la actualidad, no podremos hacerlo bien si ignoramos el hecho de que la gente interactúa más directamente con las noticias como consumidores. Nuestras audiencias están cada vez más usando tuits que leyéndolos”. Y para “usando” emplea wearing, como quien usa una prenda de vestir.

Y ese doble sentido de usar es perfecto. Si se piensa de ese modo, las fuentes aprendieron a titular. Restringidas por los 140 caracteres de Twitter, se vieron obligadas a sintetizar su mensaje y hacerlo potente y viral, como un buen título. Y a continuación sus acólitos, adversarios y trolls usarán sus tuits: escribirán el resto de la nota, a fuerza de retuits, respuestas y conversaciones atomizadas. Como quien se calza una remera con un mensaje inspirador o una leyenda irónica.

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