lunes 23 de octubre
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Recorrió Europa en bicicleta por amor

Mahanandia conoció a Charlotte Von Schedvin en 1975, por pura casualidad. Él trabajaba como dibujante en un centro comercial en Nueva Delhi, y Charlotte, de Suecia, estaba de visita en la India como turista. Un día, mientras caminaba por la ciudad, notó un joven con un cartel que decía “un retrato en 10 minutos por 10 rupias” y decidió probar el servicio. Se sentó para el retrato, pero algo hizo que el hombre se pusiera nervioso, ya que sus manos no dejaban de temblar. Decepcionada con el resultado de su dibujo, pero intrigada por el hombre, decidió volver al día siguiente para uno nuevo, pero el resultado no fue mejor.

La turista sueca descubrió más tarde que PK Mahanandia tenía una muy buena razón para estar nervioso. En el momento en que había puesto los ojos en ella, el artista recordó una profecía que su madre le había hecho cuando era sólo un niño. Su madre le aseguró que algún día se casaría con una mujer “cuyo signo del zodiaco sería Taurus, vendría de una tierra lejana, sería música y poseería una jungla”. Tan pronto como la vio, supo que era la elegida.

“Ni siquiera le pregunté su nombre de pila. Le pregunté si había nacido en mayo, si era de Tauro y si era dueña de una selva. Ella me dijo que sí a todas las preguntas”, recuerda Mahanandia. “Sabía que estábamos destinados a encontrarnos. Le dije que iba a ser mi esposa, y luego me asusté de que fuera a la estación de policía, que estaba cerca”.

Pero eso fue lo último que Charlotte estaba pensando. Ella también se sentía atraída por él, y a pesar de las extrañas preguntas, parecía honesto, lo que sólo hacía más curioso el porqué de haberle preguntado todas esas cosas.

Siguieron encontrándose, y menos de tres semanas más tarde, PK llevó a Charlotte a su pueblo natal de Orissa, donde se casaron según la tradición. Poco después llegó el momento de que la sueca volviera a casa con sus amigos, pero acordó con su nuevo marido que se reunirían en la ciudad sueca de Boras. Incluso trató de dejarle dinero para el billete de avión, pero el joven orgulloso se negó a tomarlo.

Se mantuvieron en contacto por carta durante un año, pero la situación financiera de PK no mejoraba, por lo que no podía permitirse un viaje en avión a Suecia. Pero no iba a renunciar a la mujer de su vida, así que vendió todas sus pertenencias, compró una bicicleta por 60 rupias, y decidió ir en bicicleta hasta el país del norte de Europa, a través del popular “sendero hippie” que muchos europeos cruzan en motocicleta hacia la India.

Dejó Delhi el 22 de enero de 1977, pasando a través de Pakistán, Afganistán, Irán y Turquía para llegar a Europa. “El arte vino a mi rescate. Hice retratos de personas y algunos me dieron dinero, mientras que otros me dieron alimento y refugio”, dijo Mahanandia. Incluso cuando no sabía el idioma del país en que se encontraba, el arte actuó como lenguaje universal y siempre lo sacó de problemas.

“Mis piernas dolían. Pero la emoción de ver a Charlotte y ver nuevos lugares me mantuvo en marcha”, recuerda el artista. El 28 de mayo finalmente llegó a Europa, y de Venecia tomó un tren a Gotemburgo, Suecia, a unos 70 km de Boras, donde Charlotte lo estaba esperando.

“Cuando me vio, vino corriendo hacia mí. Le dije: ‘lo siento, huelo mal.’ Pero ella me abrazó”, dice PK riendo. Y han estado juntos desde entonces. A pesar de varios choques culturales y problemas con los padres de Charlotte, una familia sueca de nobles, se casaron legalmente y ella lo ayudó a adaptarse a su nueva vida.

“No tenía ni idea acerca de la cultura europea. Todo era nuevo para mí, pero ella me ha apoyado en cada paso. Ella es una persona muy especial. Todavía sigo enamorado tal como en 1975”, afirmó Mahanandia.

PK Mahanandia se convirtió en profesor de arte, y sus pinturas han sido expuestas en galerías de arte de toda Europa, mientras que su esposa Charlotte optó por una carrera en la música. Tienen dos hijos, Emelie, de 31, y Karl-Siddhartha, de 28, y son tan felices juntos como lo han sido siempre.

Una cosa que el artista indio nunca ha sido capaz de entender acerca de Europa es el amor de la gente por el ciclismo. “Hice lo que tenía que hacer, no tenía dinero, pero tenía que verla. Yo iba en bicicleta por amor, pero nunca amé el ciclismo. Es muy simple”, asegura.

 

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