Interesante

Adelanto de «La maravillosa historia del español», de Francisco Moreno Fernández

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El siglo VIII fue una época compleja y oscura para la península ibérica. Sin embargo, en unos poblados perdidos al norte de la vieja Hispania se gestaba la que llegaría a ser, con el tiempo, la lengua española, con cientos de millones de hablantes distribuidos en los cinco continentes. ¿Cómo fue posible tal prodigio? ¿Quién escribió las primeras palabras en castellano? ¿Cómo era la lengua en la Castilla de las tres religiones? ¿Dónde se imprimió el primer libro en España? ¿Cómo se difundió el español entre los pueblos de América, África o Filipinas? ¿Por qué se habló español en Italia o en los Países Bajos?

Este libro nos cuenta la historia del español como si de una gran aventura se tratara; la aventura de la lengua y la aventura de sus hablantes, que la llevaron de las aldeas a los palacios, de los caminos a los conventos y de las posadas a los documentos oficiales.

La lengua española viajará a América con los soldados, los clérigos, los funcionarios, los artesanos, hasta convertirse en lengua general. Con el tiempo las colonias iban a desaparecer, pero la lengua permanecería tras las independencias americanas y seguiría creciendo en recursos y hablantes como idioma de una rica comunidad internacional.

A continuación un fragmento, a modo de adelanto:

Capítulo 18
El español en la era de Internet

Las circunstancias socioeconómicas que más afectan a las lenguas se han visto modificadas radicalmente a lo largo de los siglos xx y xxi. Entre esas circunstancias merecen mencionarse las relativas a tres procesos: la urbanización, la educación y la globalización. La urbanización supone un abandono masivo del campo y el traslado de población a las ciudades, que están entrando en una dinámica comunicativa hasta ahora desconocida. En el año 2000, la población mundial superó los 6 000 millones de habitantes, de los que cerca del 10 % eran hispanohablantes. Si alrededor del año 2010 se igualó por primera vez en la historia la población rural con la urbana, a mediados del siglo xxi cerca del 70 % de la población estará urbanizada. En términos comunicativos, esto significa que, además de desaparecer las lenguas de menor vitalidad, se perderán muchas hablas locales y regionales, al tiempo que las ciudades se harán más complejas lingüísticamente. En el mundo hispánico, las hablas de las grandes urbes incorporarán aún más elementos externos, de otras lenguas y de otros dialectos.

La lengua, también la española, es especialmente sensible a la educación y la cultura de sus hablantes. A comienzos del siglo xxi alrededor de un 10 % de los hispanohablantes no sabía leer ni escribir. Esto suponía un espectacular descenso del analfabetismo respecto de 1900, pero la desigualdad entre países era flagrante, porque, si la cifra alcanzaba el 20 % en Centroamérica en 2000, en Cuba, Argentina y Uruguay caía hasta un 4 %, y hasta un 2% en España. Estas proporciones, tan bajas históricamente, respondían a una mayor facilidad para acceder a la Educación Primaria, a una ampliación de los sistemas educativos nacionales y al desarrollo de una legislación que obligaba a la escolarización. En los primeros años del siglo xxi, más del 90 % de los hispanoamericanos menores de 20 años cuentan con estudios primarios, gracias, entre otros factores, a la progresiva estabilidad política de todo su territorio, al desarrollo económico, al crecimiento de las clases medias y a la reducción de los conflictos bélicos. Como consecuencia natural de la mejor formación de los jóvenes, se ha ido produciendo un abandono de muchos usos populares y dialectales tradicionales, en beneficio de formas más cultas y generales.

La globalización, por su parte, es un proceso de base económica con claras repercusiones culturales y comunicativas. En general, se denomina «globalización» a la dinámica que lleva a los mercados a adquirir una dimensión mundial por la acción de diversos factores, entre los que sobresalen las tecnologías de la comunicación y, en general, el desarrollo de todo tipo de tecnología, especialmente la informática. Siendo así, la comunicación está modificando sus técnicas y su alcance, provocando un efecto cultural y lingüístico. De hecho se habla también de globalización cultural, que afecta a los modelos de las lenguas dentro de las sociedades y a las formas y canales de comunicación. El español no es ajeno a esta corriente de globalización cultural; es más, el español es una de las lenguas protagonistas de la globalización, al ser la tercera más utilizada en las redes y la segunda lengua de comunicación internacional. Esto afecta al modelo de lengua en tanto que deben manejarse formas comprensibles para una comunidad supranacional, a las que se accede principalmente a través de la televisión, de la radio y de Internet. En este sentido, se está conociendo una tendencia hacia una mayor cohesión del español, ya anunciada por Ángel Rosenblat en los años sesenta:

Contra todos los vaticinios agoreros, y a pesar de una serie de factores efectivos de disgregación, se puede asegurar que la unidad de la lengua española culta en nuestros países es hoy mayor que nunca. Una unidad que respeta la legítima e inevitable diversidad de cada región, y hasta de cada persona. Que no puede estar dictada desde un lugar, sino que es y debe ser obra de amplia colaboración de todos los escritores, pensadores y científicos de nuestra lengua.
Ángel Rosenblat, «El futuro del español», 1963

No obstante, la facilidad del acceso a los múltiples canales y redes de comunicación permite que cualquier variedad, lingüística o dialectal, pueda ser utilizada por cualquier hablante en cualquier momento y de cualquier forma, dando vida a usos que de otro modo podrían disiparse en el propio acto de la oralidad. Así ocurre con hablas locales o jergas urbanas, que normalmente no se usan de forma escrita, pero que están teniendo una presencia testimonial en Internet.

Urbanización, educación y globalización son tres procesos independientes que se materializan entrelazadamente dentro de un escenario ideal para ello: las grandes ciudades. La imagen que suele tenerse de las ciudades es la de comunidades divididas en clases sociales, cuyos hablantes de estatus elevados, con su lengua culta y técnica, quedan separados de los más humildes, con sus rasgos populares y dialectales. Así pudieron organizarse los núcleos urbanos del periodo industrial, pero las ciudades modernas no ofrecen una distribución en clases, sino en forma de redes de individuos que comparten unas mismas características. Existen, por tanto, redes de hablantes de alto nivel social y educativo, que hacen uso de una lengua culta en los contextos adecuados, y redes de hablantes con menor formación y nivel socioeconómico. Las redes pueden crearse atendiendo a distintos rasgos, como es el caso de los jóvenes de posición socioeconómica acomodada, denominados pijos en España, fresas en México, chetos en el área austral, sifrinos en Venezuela o gomelos en Colombia, y como ocurre con los grupos profesionales (médicos, funcionarios administrativos, profesores) o con los inmigrantes procedentes de un mismo origen (ecuatorianos en Madrid, guatemaltecos en México, puertorriqueños en Nueva York, peruanos en Milán). Existen también redes en las que se integra gente de diferente nivel socioeducativo y que favorecen los intercambios de rasgos lingüísticos. Normalmente, los individuos que se sitúan en el entramado de varias redes suelen liderar los cambios lingüísticos dentro de la sociedad y muy a menudo son mujeres. Las ciudades, sin embargo, no son solamente un «mercado» en el que los ciudadanos de diferente procedencia social intercambian «mercancía » lingüística.

Las ciudades también reciben la influencia de lo que se dice en los medios de comunicación social, muy especialmente en la televisión. Al mismo tiempo, los profesionales de la comunicación, que suelen proceder de las ciudades, reflejan en los medios su modo de hablar, pero modificándolo. Así es como se crea un circuito de influencias recíprocas entre los medios y la población urbana culta. Además, los medios de comunicación, soporte de la información y la publicidad, tienen la capacidad de poner en circulación palabras, significados y expresiones casi de una día para otro: las primeras hojas de afeitar gillette se publicitaron en 1901; Coca-Cola llegó a España y México en 1926; en 1945 se acuñó en Argentina el término birome ‘bolígrafo’; en 1996 nació la voz viagra; en 2001, la acepción bancaria de corralito; en 2004, Facebook; en 2010 se divulgaron socialmente las palabras grafeno y vuvuzela; y ese mismo año nació la voz áipad (iPad, de Apple Inc.), que, por cierto, está apareciendo entre las diez primeras palabras adquiridas por los bebés urbanos. Asimismo una serie de televisión tiene la posibilidad de poner de moda expresiones locales, al tiempo que una telenovela, una serie infantil o el doblaje de unas caricaturas tienen el inmenso poder de trasladar a miles de kilómetros de distancia el léxico de su lugar de origen. En el ámbito internacional, son bien conocidas las telenovelas y las caricaturas producidas o dobladas en México y en los países del Caribe. Gracias a ellas, palabras como pana ‘amigo’, chévere o chambear ‘trabajar’ han llegado a ser familiares en todo el espacio hispánico; y gracias a ellas se han acercado al español muchas personas del este de Europa o de los Estados Unidos.

Esto nos lleva directamente al terreno de la innovación léxica, porque los siglos xx y xxi han sido pródigos en la creación y difusión de terminología vinculada a los enormes avances tecnológicos conocidos. Se han difundido en el siglo xx, con orígenes diversos, voces como lavadora, secadora, lavaplatos o lavavajillas, aspiradora y microondas; caja registradora, cajero automático, tarjeta de crédito, tarjeta de débito o código de barras; láser, módem, chip, radar, transbordador espacial y satélite artificial; móvil o celular, mouse o ratón, ordenador o computadora, plasma o alta definición; bolígrafo, logo, postit, clip. Ha habido siglas que se han transformado en palabras: ovni, sida, opa; a veces deletreadas: ADN, ko, GPS. También ha habido marcas comerciales que se han convertido en palabras de uso común: mecano, formica, maicena, nailon; y palabras que se han creado por fusión de dos diferentes: ofimática, sonar, cantautor, docudrama, publirreportaje. Son centenares las voces que el progreso tecnológico ha aportado al español.

Entre los campos que más léxico han incorporado al acervo común, cabe mencionar el de la economía y el de la informática. A pesar de ser áreas muy especializadas, su lenguaje ha ido penetrando en el uso general, ayudado por los medios de comunicación hablados y escritos. Es cierto que no en todos los países hispanohablantes se han incorporado exactamente las mismas palabras en el mismo momento; pero no lo es menos que existe una tendencia a la homogeneización progresiva, tal vez como consecuencia de la globalización y de la versatilidad de las comunicaciones. Dentro del campo de la economía y del comercio, se suele recurrir al empleo de metáforas y al léxico ordinario para conseguir una mayor fuerza expresiva o descriptiva. Así se hace cuando se habla de economía sumergida, de chiringuito financiero ‘servicio de escasa entidad y al margen de la norma general’ o cuando se recurre a imágenes nacionales ligadas a productos o procesos financieros: bonos bulldog (emitidos en libras esterlinas), bonos yankee (en dólares), bonos samurái (en yenes); efecto samba, efecto tango, efecto tequila.

Ahora bien, tanto si se trata de economía como si se trata de comercio o empresa, el léxico responde a unos mecanismos de innovación preferidos. Uno de los más prolíficos es el préstamo, generalmente a partir del inglés: se habla de commodity ‘bien comercial’, target ‘destinatario’, portfolio ‘cartera’, marketing ‘publicidad’, royalty ‘canon’, know-how ‘saber hacer’, package ‘paquete’. A veces estos préstamos alternan con sus equivalentes en español y otra veces se emplean completamente españolizados: eslogan, chárter. Asimismo, en ocasiones se trata de calcos, con forma española, pero que reproducen una estructura del inglés: free trade/comercio libre, fair trade/comercio justo, cash flow/flujo de caja; aunque a veces se utilizan construcciones que combinan el inglés y el español: compañía de factoring, empresa de catering. Naturalmente, en este mundo especializado no pueden faltar las siglas, ni de origen inglés (CIF: Cost, Insurance and Freight) ni de origen hispánico (IVA ‘impuesto sobre el valor añadido’, PIB ‘producto interior/interno bruto’).

El campo de la informática comparte muchos rasgos con el de la economía. Incluye préstamos, muy especialmente del inglés: browser ‘navegador’, bookmark ‘marcador’, host ‘computadora anfitriona’, link ‘enlace’; si bien muchos pueden alternar con formas del español: password y contraseña, mouse y ratón, mail y correo, username y usuario, website o sitio, router o enrutador, wireless o inalámbrico. Asimismo se encuentran préstamos totalmente adaptados al español en su forma: resetear, chatear, clicar o cliquear, atachar (de attach), loguear (de log-in), deletear (de delete). También este es un campo abonado para el uso de las siglas: PIN (Personal Identificaction Number), WAP (Wireless Application Protocol), ASCII (American Standard Code for Information Interchange), pronunciadas como palabras; PDF (tipo de formato de documento), HTML (HyperText Markup Language), URL (Uniform Resource Locator) o la célebre WWW (World Wide Web), pronunciadas estas últimas con deletreo. La importante presencia del inglés en el campo de la informática ha permitido hablar de una jerga específica llamada ciberspanglish.

Resulta interesante comprobar cómo, aunque existen anglicismos en español desde el siglo xix, se considera que es el siglo xx la gran época de recepción de préstamos, calcos y todo tipo de transferencias desde el inglés. Basta con repasar el léxico de la economía, la informática, la tecnología o la ciencia para comprobar que es así. Tal percepción, sin embargo, puede ser engañosa porque el habla cotidiana no tiene por qué revelar un influjo del inglés tan acusado, ni siquiera en el español de Puerto Rico, país que, por su vinculación con los Estados Unidos, pasa por ser uno de los más «anglizados ». Los estudios realizados sobre el léxico puertorriqueño muestran que su proporción de anglicismos no es muy diferente de la que se encuentra en Madrid. En este mismo sentido, suele presentarse como ejemplo de influencia máxima del inglés el español hablado por los hispanos en los Estados Unidos, llámese pocho, chicano o espanglish. Cierto es que en estas mezclas de lengua se registran numerosas transferencias desde el inglés: préstamos puros (tiene el pelo straight ‘liso’), creaciones híbridas (calendador ‘calendario’), calcos gramaticales (¿qué es tu nombre? ‘¿cómo te llamas?’; tomar ventaja de ‘aprovecharse de’; ¿cómo te gustó? ‘¿te gustó?’) o alternancia de lenguas (tell me —dime— qué es lo mejor para todos). Pero incluso aquí la presencia del inglés es limitada, dependiendo del contexto. En un estudio sobre el léxico disponible de los hispanos de Chicago realizado en 2004, el número de anglicismos resultó muy inferior al 1 %.

La lengua inglesa, no obstante, se ha convertido en referencia internacional y predominante allí donde se reúnen hablantes que no comparten un mismo idioma materno. El inglés se ha convertido en la lengua franca mundial por excelencia en el siglo xxi, hasta el punto de que parecerían premonitorios los versos de Rubén Darío en los que veía incierto el futuro del español:

[…]
A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez.
Soy un hijo de América, soy un nieto de España.
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez.
[…]

La América española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.
¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?
Rubén Darío, Los cisnes, 1907

Después de un siglo, las preguntas de Darío tienen respuesta. No «callaremos». El universo hispanohablante ha encontrado un espacio relevante en el panorama internacional. Y lo ha hecho sin necesidad de forjar una «raza cósmica», a la que se refería el mexicano José Vasconcelos en 1925. La lengua española ha crecido con América como epicentro, pero no porque sus hablantes se hayan encerrado sobre sí mismos, sino porque se han abierto al mundo y han sabido navegar en las aguas de la multiculturalidad. La trascendencia de los premios Nobel de literatura en español, desde José Echegaray (1904), hasta Mario Vargas Llosa (2010), pasando, entre otros, por Vicente Aleixandre (1977), Pablo Neruda (1971), Gabriel García Márquez (1982) u Octavio Paz (1990), no está en la gran admiración que les profesa la comunidad hispánica, sino en la influencia internacional de su pensamiento y en su calidad de representantes de una cultura universal. Esta cultura que se expresa en español habrá de continuar su historia, su maravillosa historia, sobre las pantallas, los satélites y las redes informáticas, con la misma fuerza y personalidad con que lo hizo sobre la piedra, el pergamino, el papel o las ondas hercianas.

1904 José Echegaray España

1922 Jacinto Benavente España

1945 Gabriela Mistral Chile

1956 Juan Ramón Jiménez España

1967 Miguel Angel Asturias Guatemala

1971 Pablo Neruda Chile

1977 Vicente Aleixandre España

1982 Gabriel García Márquez Colombia

1989 Camilo José Cela España

1990 Octavio Paz México

2010 Mario Vargas Llosa Perú

Los premios Nobel de las letras hispanas

 

Personajes, personas y personillas

Matías Prats Cañete

Matías quiso ser poeta. Nació en 1913, en Villa del Río, provincia de Córdoba; un pequeño pueblo de la Andalucía seseante, donde se dice sebolla ‘cebolla’, sebá ‘cebada’ y tosino ‘tocino’. Sus padres eran andaluces también y quisieron que Matías estudiara algo de provecho, como peritaje industrial, pero su vocación se inclinaba claramente hacia las letras. Aún tuvo la oportunidad de desplazarse a Madrid para participar en algunas tertulias literarias, aunque la Guerra Civil lo puso en el sendero del periodismo radiofónico. Por él caminó retransmitiendo corridas de toros o par- tidos de fútbol desde Andalucía. Y ya nunca lo abandonó. De vuelta a Madrid, trabajó en Radio Nacional de España y se convirtió en una de las voces más famosas de la posguerra española. Alcanzó cargos de responsabilidad y suyo fue el protagonismo al dirigir y narrar los noticieros y documentales más conocidos y seguidos en España durante varias décadas: el célebre NO-DO. Su fama y profesionalidad lo llevaron a trabajar también para la Televisión Española, desde donde dirigió y presentó numerosos programas. Sin duda, Matías Prats Cañete es uno de los locutores de referencia en la historia del periodismo español.

Desde el punto de vista de la lengua, la figura de Matías Prats resulta particularmente interesante. No se trata solo de que tuviera un buen dominio del español en su registro oral, que era evidente que lo tenía, así como una extraordinaria capacidad narrativa. Además de eso, Prats fue capaz de crear todo un estilo periodístico, una forma de hacer radio con tanta fuerza comunicativa que su influencia lingüística pudo llegar a muchos otros profesionales de la radio y la televisión, así como a todos los españoles que lo seguían. Pero aún hay más. Y es que el discurso oral de Matías Prats representó un auténtico modelo de corrección en el habla, de respeto y seguimiento de la norma prestigiosa, que en aquel momento era la norma del castellano de la Castilla del norte. Pero, ¿cómo fue esto posible, si Matías Prats había nacido y crecido en Andalucía, en el seno de una familia andaluza? Sencillamente, mediante la disciplina articulatoria y el esfuerzo para modificar su dialecto. Siendo seseante, Matías Prats evitaba la confusión de ese y de zeta, pronunciando esta última como efe. Esto quiere decir que pronunciaba fefilia ‘Cecilia’, difífil ‘difícil’ o ferca ‘cerca’. Efe y zeta son dos sonidos acústicamente muy cercanos y fáciles de confundir; el resto lo conseguían las ondas y el filtro acústico de los micrófonos.

Hablar de Matías Prats en el mundo de la radiodifusión española es hablar de una de sus grandes figuras. Sus narraciones taurinas siguen siendo recordadas e imitadas; sus transmisiones deportivas abrieron la puerta de un universo comunicativo que hoy constituye toda una especialidad: el periodismo deportivo. Los programas deportivos de la radio y televisión son seguidos masivamente y eso supone que su discurso se hace oír en todos los territorios en los que el español es vehicular. Al mismo tiempo, al primarse la inmediatez y la expresividad, el periodismo deportivo suele reflejar hacia dónde apuntan muchas tendencias evolutivas de la lengua. La figura de Matías Prats Cañete viene a simbolizar la enorme capacidad de influencia que los medios de comunicación tienen actualmente sobre la lengua española y sus hablantes.

 

HAL 9000

Nació el 12 de enero de 1992 en los laboratorios HAL Inc., situados en Urbana, Illinois (Estados Unidos). Su creador, el doctor Chandra, lo llamó HAL, como acrónimo de Heuristically Programmed Algorithmic Computer (computadora algorítmica heurísticamente programada). Efectivamente, HAL fue una computadora electrónica cuyo nombre se completó con un número de serie y que estaba dotada con unas habilidades extraordinarias: era capaz de reconocer la voz, de leer los labios, de procesar el lenguaje, de razonar y argumentar, de interpretar y expresar emociones, además de realizar infinidad de tareas técnicas, rutinarias o extraordinarias. El mismo año de su creación la instalaron en una nave espacial llamada Discovery con la función de controlar las funciones de la propia nave y de sus tripulantes.

HAL estaba instalada en un espacio estrecho y cerrado, lleno de módulos o tarjetas de memoria extraíbles. Además, contaba con cámaras en forma de ojos rojos distribuidas por varios lugares de la nave. En el año 2001, los tripulantes del Discovery recibieron el encargo de analizar y descubrir el origen de unas señales acústicas. Procedían de un monolito hallado en la luna y que parecería de origen extraterrestre. Durante la misión, HAL dio la impresión de confundirse acerca del fallo mecánico de una antena y dos de los astronautas, preocupados por el error, decidieron desconectar sus circuitos cognitivos. HAL, por sus habilidades comunicativas, supo cuál era la intención de los astronautas e hizo morir a uno de ellos, así como a los tripulantes que estaban en hibernación. El astronauta que logró sobrevivir procedió a desconectar a HAL módulo a módulo, haciéndolo perder progresivamente su consciencia mientras la máquina canturreaba una melodía.

La historia narrada es muy conocida. Se divulgó por todo el mundo en 1968 a través de la película 2001: Odisea en el espacio, dirigida por el neoyorquino Stanley Kubrick y basada en una obra de Arthur Clarke, escrita originalmente en 1948. La novela intentaba anticipar el desarrollo tecnológico de principios del siglo xxi, aunque la imaginación de Clarke fue más allá de la realidad, dado que en 2001 no llegaron a existir máquinas con las capacidades cognitivas y la versatilidad que exhibía HAL. Con todo, los creadores de la historia sí anticiparon que medio siglo después existirían computadoras capaces de hablar y de entender, y hasta de dialogar o razonar.

Hoy existen máquinas que pueden leer cualquier texto y máquinas que reconocen prácticamente cualquier voz. Su propia voz puede presentarse en distintos registros y variedades de cualquier lengua, porque también son multilingües. Son una de las máximas expresiones de la tecnología informática y de la comunicación del siglo xxi. Esas máquinas no son capaces de conocer el futuro ni de determinar la evolución de una lengua, antes bien tienden a frenarla. Con todo, si una lengua aspira a tener un amplio uso social, un valor internacional y alguna utilidad en los más diversos campos personales y profesionales, sin duda deberá ser reconocida y hablada por las máquinas del futuro. El español ya es una de ellas.

 

En dos palabras

robot

La palabra robot suena a futuro, pero cuenta ya con una larga historia a sus espaldas. Nació en 1921, en una obra del checo Karel Capek titulada R. U. R.: Rossumovi Univerzání Roboti (R. U. R.: Los robots universales de Rossum). Al año siguiente fue traducida al inglés para ser representada en un teatro de Nueva York. Al escribir la obra, cuando el autor buscaba un nombre para los trabajadores humanoides de una fábrica, pensó en crear una palabra nueva a partir del latín labor. Su hermano, sin embargo, le sugirió utilizar la palabra checa robota que significa ‘trabajos forzados’ y así surgió robot. Es interesante observar que el autor disponía de otras posibilidades léxicas para denominar a sus personajes mecánicos, como autómata (utilizada en español, inglés y otras lenguas al menos desde el siglo xviii) o como androide (utilizada en inglés desde el siglo xviii). Sin embargo, robota, traducido al inglés como robot, tenía un gancho especial: el atractivo del neologismo.

En español, la palabra robot se recoge y define en la obra de Esteban Terrada Neologismos, arcaísmos y sinónimos en la plática de ingenieros, de 1946, por lo que su irrupción debió ser algo anterior. Una vez introducida, no hubo diferencias entre los usos que se le dieron en España o en las naciones americanas. El término se emplea con un sentido figurado (ser un robot) o en forma de término de comparación (actuar como un robot), siempre con el significado de ‘ingenio capaz de realizar mecánicamente operaciones propias de humanos’. Además, la palabra ha producido un derivado: robótica. Así se llama a la parte de la ingeniería que aplica la informática para construir mecanismos capaces de sustituir a las personas con distintos fines. De hecho, la robótica ya ha producido máquinas androides que manipulan objetos, caminan, hablan o realizan tareas domésticas, al tiempo que ha creado brazos mecánicos que pueden montar automóviles o participar en intervenciones quirúrgicas. En lo que probablemente no aciertan las definiciones de los diccionarios es en ceñir a las humanas las actividades que puede realizar un robot, puesto que ya existen autómatas que emulan las actividades de diversos animales, especialmente perros.

Pero, en español hay aún un uso de robot que merece un mínimo comentario. Se trata de la fórmula retrato robot, que designa la imagen de una persona dibujada a partir de la información verbal proporcionada por otra, normalmente con fines policiales. La técnica fue introducida en los años cincuenta del siglo xx en los Estados Unidos. Es preciso explicar, no obstante, que este uso de robot no es general en el mundo hispánico, sino característico de España. En América se suele hablar de retrato hablado o incluso de identikit, que es una de las denominaciones inglesas. El calco del inglés boceto policial (de police sketch) tiene un uso mucho menor.

 

informática

La informática es un área de especialidad muy sensible al anglicismo. Cuando no son voces del inglés las que se incorporan al español, adaptadas o sin adaptar (template, frame, banner, windows, shareware, streaming, cookie, update, mirror, online; privilegio, compresión, editor), son palabras o expresiones originadas en calcos desde la misma lengua: ancho de banda, sistema operativo, en línea, nube. Por esto mismo no deja de ser curioso que la materia o disciplina que engloba toda esa tecnología reciba en español el nombre de informática. Y es que esta palabra no procede del inglés, sino del francés informátique y comenzó a utilizarse con profusión en España a partir de los años setenta del siglo xx. La palabra francesa nació en 1962, a propuesta del físico Philippe Dreyfus, para referirse al tratamiento automático de la información. El término fue aceptado por la Academia Francesa en 1966. En español, el diccionario académico recoge por primera vez informática en su edición de 1984. La temprana influencia de Francia en esta nueva disciplina explica también la llegada a España de la palabra ordenador, procedente del francés ordinateur. La especialidad, sin embargo, llegó a los demás países hispanohablantes desde los Estados Unidos, razón por la cual se utilizan computadora o computador (del inglés computer), así como computación, que puede alternar con informática. En España la presión del inglés en este campo no se hizo evidente hasta los años ochenta.

Dentro del ya vasto y complejo mundo de la informática, el terreno con más capacidad para influir sobre el lenguaje humano y las relaciones entre hablantes es el de las redes sociales. La progresiva extensión de Internet y de la telefonía, así como su aplicación a las redes sociales, tienen consecuencias lingüísticas muy diversas. Por un lado, se incorporan al español nuevos términos, como hashtag o app, además de los nombres de las herramientas que permiten ese tipo de comunicación: Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram, Skype. Por otro lado, algunos de ellos se hispanizan, incluso en la escritura (tuit, tuitear, guasapear) y, en otros casos, se crean nuevas acepciones para palabras viejas: muro (en Facebook), tendencia (en Twitter), viral. El tiempo que todas estas voces puedan permanecer en la lengua dependerá de lo rápido que evolucione la tecnología hacia otras herramientas comunicativas. En cualquier caso, no hay que olvidar que el empleo de las redes sociales está poniendo en contacto con la escritura a millones de personas durante muchas horas al día, con lo que ello supone de positivo para la práctica de la comprensión y expresión escritas o para el desarrollo de la competencia comunicativa.

Finalmente, el amplio uso de las redes sociales, especialmente a través de dispositivos móviles, está propiciando la búsqueda de una escritura abreviada en la que se sacrifica la ortografía cuando la intercomprensión está garantizada. Al mismo tiempo, los textos emitidos por las redes son revestidos de expresividad por medio de un nuevo «lenguaje» visual compuesto por signos llamados emoticonos o emoticones. Los más utilizados son los que representan caras con decenas de posibilidades expresivas: sonrisa, llanto, sorpresa, enfado, burla. Estos signos tienen tanta aceptación entre individuos de cualquier edad y condición que están incorporándose a la lengua escrita en soportes más convencionales. En definitiva, la informática está abriendo nuevas sendas de expresión que pueden afectar a las lenguas, también al español, pero cuyo destino final aún no se vislumbra.

La maravillosa historia del español
¿Cómo una lengua que nació en unas aldeas perdidas del norte de España ha llegado a convertirse en la segunda del mundo, con más de 500 millones de hablantes en los cinco continentes?
Publicada por: Planeta
Fecha de publicación: 04/01/2016
Edición: 1a
ISBN: 9788467044270
Disponible en:Libro de bolsillo