lunes 17 de diciembre
US presdient Donald Trump and the Twitter logo are seen in this photo illustration on December 1, 2017. (Photo by Jaap Arriens/NurPhoto via Getty Images)
Medios

Cuando los usuarios de Twitter escuchan el lado contrario, se polarizan (aun) más

Hay una historia simple sobre cómo los medios están impulsando la polarización política. A diferencia de antaño, cuando había tres noticieros nocturnos y dos periódicos locales, los medios de hoy son fragmentados, competitivos, algorítmicos. Miramos MSNBC si somos liberales, Fox si somos conservadores, y CNN si solo queremos ver pelear a la gente; Facebook y Twitter nos muestran solo las noticias que nos gustaron; nos envolvemos en cámaras de eco de partidarios de ideas, opiniones e incluso hechos afines; no vemos ni escuchamos el otro lado, y por supuesto estamos más polarizados.


Esta situación sugiere una solución sencilla: si solo cruzáramos el pasillo informativo, si los liberales miraran un poco de Fox, y los conservadores pasaran algo de tiempo con Rachel Maddow, nos daríamos cuenta que el otro lado es más parecido a nosotros de lo que pensábamos. Que ellos también tienen algunos buenos argumentos, y nuestra enemistad y polarización disminuirían.

En octubre de 2017, un grupo de científicos políticos y sociólogos decidieron probar esta teoría. En el estudio más grande de su tipo que se haya realizado, pagaron a 1220 usuarios regulares de Twitter que se identificaron como demócratas o republicanos, para seguir a un grupo que retuiteaba a funcionarios electos, figuras de los medios y líderes de opinión del otro bando. Los participantes realizaron encuestas periódicas, donde se les preguntaba sobre sus puntos de vista sobre 10 temas que van desde la inmigración hasta el fraude gubernamental, las ganancias corporativas y los derechos LGBTQ. Esas encuestas les permiten marcar su punto de vista en una escala de 7 puntos, que va desde lo más conservador a lo más liberal.

Los investigadores estaban probando la colisión entre dos modelos populares. En uno, “el contacto entre grupos opuestos puede desafiar los estereotipos que se desarrollan en ausencia de interacciones positivas entre ellos”. En el otro, “la exposición a aquellos con puntos de vista políticos opuestos puede crear efectos contraproducentes que exacerban la polarización política”.

En otras palabras, probar una simple teoría: ¿escuchar al otro lado nos hace menos o más polarizados?

Los teóricos pesimistas ganaron la apuesta. Los resultados de la exposición de un mes a voces populares y autorizadas del otro lado del pasillo fue un aumento en la polarización. “Encontramos que los republicanos que siguieron un bot liberal de Twitter se volvieron sustancialmente más conservadores después del tratamiento”, escriben los autores. “Los demócratas mostraron un ligero aumento en las actitudes liberales después de seguir un bot conservador de Twitter, aunque estos efectos no son estadísticamente significativos”.

La diferencia entre las respuestas demócratas y republicanas es interesante y merece más estudio. Pero el hallazgo clave es que ninguno de los grupos respondió a la exposición a la otra parte moderando sus propios puntos de vista. En ambos casos, escuchar opiniones contrarias llevó a los partidarios a posturas más polarizadas: los republicanos se volvieron más conservadores en lugar de más liberales, y los demócratas, si es que algo sucedió, se volvieron más liberales en lugar de más conservadores.

Christopher Bail, uno de los autores del estudio y jefe del laboratorio de polarización de la Universidad de Duke, dijo sobre el estudio: “Durante mucho tiempo, la gente ha estado asumiendo que exponer a las personas a puntos de vista opuestos crea la oportunidad para la moderación. Si pudiera afirmar humildemente que he resuelto una cosa, es que no es un proceso simple. Si Twitter ajusta sus algoritmos para colocar a un republicano por cada nueve demócratas en tu cuenta de Twitter, eso no aumentará la moderación”.

El estudio fue sintonizado para decirnos qué sucedía cuando las personas escuchaban otras opiniones, no fue diseñado para iluminar por qué. Pero Bail ofreció tres teorías.

La primera posibilidad, dijo, era contra argumentar. Si sos un liberal navegando por Twitter y de repente te enfrentás a un tweet de Mitch McConnell que promociona los beneficios de los recortes de impuestos y los perjuicios del Obamacare, tu respuesta mental no será pensar, “Hmm, creo que McConnell tiene algunos buenos argumentos”, sino inmediatamente encontrar un argumento de por qué está equivocado.

Nadie es mejor para convencernos de una posición que nosotros, por lo que, al ver y rechazar instantáneamente los argumentos de nuestros oponentes políticos, nos convencemos aun más de que lo que creíamos en un principio es lo correcto, y llegamos a un acuerdo. Más razones para creerlo.

Otra posibilidad gira sobre los diferentes valores de demócratas y republicanos. Una línea de investigación llamada teoría de fundamentos morales muestra que los demócratas tienden a construir sus vidas morales sobre valores como la diversidad, el cambio y la justicia, mientras que los republicanos construyen sus marcos morales sobre valores como la autoridad, la tradición y la certeza. Quizás la razón por la que los republicanos reaccionaron más enérgicamente al enfrentarse a puntos de vista contrarios, es que se sienten más ofendidos por los desafíos a la autoridad, mientras que los demócratas han construido una identidad más en torno a la apertura al cambio.

El problema con esa explicación, es que parece predecir que los demócratas cambiarán sus opiniones, lo que no sucedió.

Una tercera posibilidad es que los participantes estaban tomando las señales de las élites, incluidas las señales negativas. Un republicano de poca información que no sabía mucho acerca de lo que los demócratas pensaban en realidad, podría sentirse más horrorizado por la cosmovisión liberal cuando se los expone regularmente. Si no te interesa la política y tu imagen de demócrata es Hillary Clinton o Barack Obama, ver muchos tuits sobre la abolición de ICE, o sobre arrodillarse durante el himno nacional, podría empujarte más a la derecha.

El autor tiende a creer una variante de la primera explicación. “Republicano” es una identidad. “Demócrata” es una identidad. Cuando inicias sesión en Twitter y leés a alguien atacando a la gente que admirás, a la gente con la que te alias, a la gente que ves como tu grupo, te ponés a la defensiva con los de tu lado, y te enojas con los críticos.

Un problema en todo esto es que la mayoría de los medios políticos no están diseñados para la persuasión. Los medios políticos más críticos están escritos para el sector que ya está de acuerdo con el autor. Del mismo modo, la mayoría de los funcionarios electos están tuiteando a sus partidarios, quienes los siguen y recaudan fondos para ellos, en lugar de a sus críticos, quienes no lo hacen.

Un dato curioso es que los estudios que muestran que el contacto entre grupos reduce la polarización también muestran que ese contacto debe tener ciertas características: debe ser positivo, debe haber objetivos compartidos, e idealmente debería haber una razón para la cooperación.

¿Es Twitter capaz de brindar el contexto donde las personas puedan brindar el contacto íntimo, interpersonal y positivo necesario para esto? La pregunta se responde sola.

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