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La biblioteca del futuro está en un galpón ferroviario de casi 100 años

En LocHal podés aprender nuevas habilidades culinarias, leer libros u organizar eventos dentro de un gran galpón de almacenamiento de locomotoras abandonado.


Luego de pasar más de 80 años como depósito de motores de locomotoras, un edificio industrial cavernoso en Tilburg, Países Bajos, comenzó su nueva vida como biblioteca local y espacio para eventos a principios de este año.

Diseñado por la firma holandesa Civic Architects, el edificio está destinado a ser un nuevo centro para la vida cívica, con su estructura de acero industrial clásica, y ventanas de vidrio que brindan un nostálgico telón de fondo a las estanterías, mesas de lectura públicas, un conjunto de escalones tipo anfiteatro en el que pueden sentarse 1000 personas, y un espacio para exposiciones. El colosal espacio de más de 5000 metros cuadrados se llama «LocHal», abreviatura de Locomotive Hall.

El lugar es un ejemplo no solo de reutilización adaptativa en su máxima expresión, sino también de un “tercer espacio” fuera del hogar o del trabajo que combina eventos, exposiciones y aprendizaje. Y lejos de ser un espacio exclusivo para la elite o los ricos, LocHal está abierto a todo el mundo.

Para dividir el gran espacio abierto y mejorar la acústica del edificio, la firma de diseño holandesa Inside Outside diseñó grandes pantallas textiles que son tan altas como el techo de casi 15 metros de LocHal. Estas pantallas se pueden implementar a través de un sistema motorizado que crea áreas más pequeñas dentro de la biblioteca. Por ejemplo, las pantallas pueden colocarse en una de las grandes escaleras para convertir el área en un teatro privado, o cerrar el área alrededor de la cafetería. También actúan como cortinas, bloqueando el sol cuando brilla a través de las paredes de vidrio.

Los libros están también dispuestos en librerías móviles. Pero es la biblioteca para niños lo que suena particularmente especial: cuenta con libros de cuentos y estanterías gigantes hechas de grandes lápices de colores y reglas, inspirados en un parque temático de cuentos de hadas cercano.

El diseño es un ejemplo extraordinario de reutilización adaptativa, que transforma un edificio industrial abandonado para construir y almacenar trenes, en un lugar para aprender y almacenar libros, al tiempo que conserva los materiales industriales existentes, con sus defectos y todo. El edificio fue diseñado para que los pisos pudieran soportar el increíble peso de los motores de locomotoras, de modo que los arquitectos pudieron aprovechar al máximo la estructura existente y agregar un poco más en términos de soporte. Un problema, sin embargo, fue calefaccionar y enfriar el cavernoso edificio; para mantener la sala como un volumen único y gigante de espacio y no arruinarlo con paredes, los arquitectos tuvieron que diseñar cinco zonas climáticas diferentes dentro del edificio, para aclimatarse de manera eficiente.

Más allá de la arquitectura y los libros, LocHal fue diseñado para actuar como un recurso para el aprendizaje en general, con una serie de laboratorios dedicados destinados a enseñar a las personas diferentes habilidades. Por ejemplo, un laboratorio se enfoca completamente en habilidades digitales, mientras que otro se enfoca en alimentación. El espacio apunta a lo que debería ser la biblioteca del siglo XXI: un centro comunitario y un centro de todo tipo de aprendizaje. Que sea una maravilla arquitectónica es una ventaja añadida.

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