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¿Por qué deberías esperar para mostrarle a tus hijos videos de ellos mismos?

Cuando era niño, actué en varios musicales de la comunidad. Como un niño dolorosamente tímido, de alguna manera me sentí cómodo en el escenario. Los disfraces, los nervios anteriores al espectáculo, la satisfacción posterior al show, me encantaba todo. Es decir, hasta que mi padre aparecía con una cinta VHS de mis actuaciones en el momento en que teníamos invitados en nuestra casa.


«¿Así es como sonaba?» Pensaba, viéndome a mí mismo en la pantalla del televisor y sintiéndome repentinamente mortificado.

Mientras nuestros visitantes festejaban cortésmente las producciones amateurs, me escabullía de la habitación y me escondía.

Este evento retornó a mi mente mientras leía la fascinante pieza del New York Times de Julia Cho: «¿La reproducción inmediata de eventos está cambiando los recuerdos de los niños?» Ver las imágenes de mis actuaciones cambió mi recuerdo de la interpretación, aunque sea un poco. Y esto conlleva la pregunta: ahora que todos tenemos cámaras de video en nuestros bolsillos, listas para capturar cada adorable e impresionante movimiento de nuestros hijos, ¿estamos despojándolos constantemente de la plenitud de sus experiencias? ¿Estamos haciendo sus recuerdos menos propios?

Cho se pregunta:

Se han realizado muchos estudios sobre cómo una persona que toma una foto refuerza o remodela su memoria, pero ¿qué pasa con nuestros hijos, el tema de nuestra documentación constante? ¿El hecho de verse en tercera persona cambia, o incluso falsifica sus recuerdos?

Después de hablar con los investigadores, descubrió que sí, mostrar videos de sus grandes momentos a los niños (una actuación musical, la mañana de Navidad, o la primera vez que conocieron a su hermanita, por ejemplo) puede distorsionar sus puntos de vista sobre esas experiencias. Se mueven «de ser un participante a ser un observador más distante», escribe Cho. Es posible que no lleguen a sentir lo que sentirían de forma natural, si el evento se hubiera enmarcado inmediatamente desde la lente de un miembro de la audiencia.

Claro, en ocasiones puede ser útil dejar que los niños vean videos de sí mismos. Si un estudiante de piano intenta mejorar sus habilidades, es una buena idea que revise la escala con la que tropezó durante su último recital. Ver clips de nosotros mismos, en general, puede hacernos más conscientes de nosotros mismos. Pero tenemos que estar listos para visualizarlos. Con nuestros hijos, es importante saber que al presionar «play», les estamos dando una nueva perspectiva de lo que sucedió, una para la que podrían no estar preparados.

A mi hija de seis años le encanta cantar, y me encanta grabar sus presentaciones en el living de casa. A menudo miramos los videos juntos en mi teléfono y nos reímos. Últimamente, sin embargo, me ha estado pidiendo que elimine los videos en los que asegura que suena «horrible». Creo que todas las niñas de seis años deberían creer que suenan como Alicia Keys, así que voy a dejar de grabar por un tiempo.

Si grabás videos de sus hijos, podés retrasar mostrarles las imágenes, al menos por un día o dos. Si acaban de completar una gran actuación, reciben un premio o celebran una épica fiesta de cumpleaños, dejalos que tengan su momento. Permitiles recordar lo que recuerdan, sin mirar cómo reaccionan los demás. Dejá que tu hijo participe en sus vidas y no simplemente lo vea desde una pantalla.

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