Argentina se agranda en las malas

En tiempos normales, Argentina es un desastre; en tiempos excepcionales, un ejemplo. Esta observación, que en Twitter fue compartida por moderados de ambos lados de la grieta, disgustó a bienintencionados y talibanes por igual. Los bienintencionados alegaron que Argentina no era un desastre en tiempos normales; los talibanes, que no era un ejemplo en tiempos excepcionales. Sus objeciones merecen estudio.

La distinción entre tiempos normales y excepcionales fue acuñada por Nicolás Maquiavelo, el padre del pensamiento político moderno. Con los parámetros patriarcales de su época, Maquiavelo asimilaba los tiempos normales a lo masculino y los excepcionales a lo femenino. En tiempos masculinos, el poder era canalizado mediante diques y represas de modo que su ejercicio resultaba institucionalizado, y sus consecuencias, predecibles. En tiempos femeninos, en cambio, el poder fluía erráticamente conforme a los caprichos de la fortuna. Hasta entonces, decía él, la mayoría de los pensadores había reflexionado sobre tiempos masculinos. Maquiavelo lamentaba vivir en tiempos femeninos porque, modestamente, lo obligaban a inventar una nueva ciencia política. Prescindiendo de su connotación de género, hoy llamaríamos tiempos normales a aquellos que transcurren entre elecciones periódicas y administración pública, y tiempos excepcionales a las transiciones democráticas, las revoluciones y las guerras. O a las pandemias.