Eduardo Duhalde no se va más

Regresó, volvió mejor o, quizás, nunca se fue. Pero Eduardo Duhalde está otra vez sentado en las inmediaciones del poder. Con el carnet del peronismo algo amarillento, la experiencia de haber apagado su propio incendio y la emergencia como coartada, el expresidente tiene las puertas abiertas de la Casa Rosada. Ya no lo emparentan con el padrino ni lo señalan como la amenaza omnipresente que opera en las sombras. Ahora es un aliado que cotiza alto para el nuevo oficialismo: le sugiere opiniones a Alberto Fernández, pone hombres de su confianza en los casilleros del Estado y es capaz de defender al gobierno con una convicción que no sobra.

La semana pasada, el exgobernador bonaerense entró por segunda vez en poco más de dos meses a Balcarce 50 para verse con el Presidente. Salió contando de sus planes para bajar el precio de los alimentos y de su viaje -esta semana- a Francia y España para estudiar el modelo de venta a granel. A los 78 años, aunque diga que nunca dejó de trabajar, parece más activo que nunca.