El coronavirus nos desafía a la mayor reingeniería laboral de la historia

En tiempos que hoy parecen remotos -diciembre de 2019- el tema del futuro del trabajo estaba bastante instalado en la agenda pública. La aceleración del cambio tecnológico, el envejecimiento poblacional y el resquebrajamiento de las instituciones laborales tradicionales dominaban la agenda en el norte; en el sur, en tanto insistíamos en que el contexto importa: aquí la informalidad es alta, los países son relativamente jóvenes y el cambio tecnológico es más bien lento. La irrupción del Covid-19 sacudió la agenda, y vale la pena parar un segundo y preguntarse qué queda y qué sigue de aquellos debates.

La hipótesis que aquí se plantea, necesariamente preliminar, es que el futuro del trabajo ya no es lo que era. Mejor dicho, el futuro del trabajo ya no es cuando era: de referirnos a la productividad de largo plazo con un horizonte de 5 a 10 años, pasamos en tiempos de pandemia a hablar del ingreso laboral de los próximos meses. No creo estar exagerando: el sistema económico a nivel global se encuentra frente a la mayor reingeniería laboral de la historia.