El día que todos se autohackearon el Instagram

La costumbre de estampar burlas en la paredes viene desde la prehistoria. Hay registros de falos gigantes en la antigua Grecia y más acá en el tiempo se sumaron los baños, ese lugar de intimidad donde se puede escribir “chupo pijas gratis” y el número de teléfono de alguien al que se quiere molestar.

El insulto graficado en la intimidad del anonimato revela pensamientos profundos. En la red también pasa: el insulto anónimo y el trolleo son cada vez más masivos. Hasta que llega alguien y trollea a los trolleadores.