El fracaso de una respuesta global al coronavirus evidencia un vacío de liderazgo

En Frankfurt, Alemania, la presidenta del Banco Central Europeo advirtió que el coronavirus podía detonar una crisis económica tan grave como la de 2008. En Berlín, la canciller alemana alertó que el virus podía contagiar a dos tercios de la población de su país. En Londres, el primer ministro del Reino Unido desplegó un paquete de rescate de casi 40.000 millones de dólares para amortiguar el impacto del brote en su economía.

Mientras el saldo de los afectados por el virus continúa en aumento y los mercados financieros desde Tokio a Nueva York siguen cayendo, los líderes mundiales finalmente empiezan a hablar de la gravedad de lo que ya es oficialmente una pandemia.


Sin embargo, esas voces siguen sonando más a una cacofonía que a un coro, un balbuceo disonante de políticos, todos con sus propios problemas para afrontar los múltiples retos causados por el virus, desde su abrumadora carga a los hospitales y trabajadores de la salud hasta su devastación económica y el creciente número de fallecidos.

Al coro también le hace falta un director, un papel interpretado por Estados Unidos durante la mayoría de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial.