El gobierno en la pandemia

A tres meses de empezar a gobernar, Alberto Fernández se vio obligado a cambiar de planes. El coronavirus se filtró en medio de un gobierno que subordinaba toda su estrategia a la renegociación de la deuda y le impuso una prioridad distinta a la que se había fijado en campaña y hasta ahora no lograba cumplir, la de encender la economía. Todo fue tan vertiginoso que el Gobierno pasó de la incredulidad y la subestimación a una reacción que -aunque tardía- le permitió diseñar un operativo múltiple en busca de controlar la pandemia. Después de la cadena nacional y las reuniones con especialistas en Casa Rosada, el Presidente quedó al frente de la campaña y siente una íntima satisfacción. En la emergencia sanitaria, encontró un motivo para convocar a una sociedad tan dividida a nivel social y política como ensimismada en la pelea por sobrevivir en un tiempo de vacas flacas. Toda la actividad oficial quedó relegada hasta nuevo aviso, salvo la oferta a los bonistas que prepara Martín Guzmán.

En Balcarce 50, afirman que el país está atravesando “horas críticas” en lo que se refiere a la posibilidad de acotar el impacto del COVID-19. En estado de “alerta y movilización”, tal como se declaran, suponen que hay dos posibilidades: un pico de contagios que sobrevenga en los próximos días y se extienda hasta el invierno o la chance de ir reduciendo los casos al máximo antes de que llegue el frío, cuando el virus encuentra mejores condiciones para desarrollarse. La información que manejan en el Gobierno indica que, con menos de 26 grados, el nivel de contagio es mayor.