El perdurable encanto de lo estrafalario

El avance de lo que la Organización Mundial de la Salud finalmente acaba de catalogar como una nueva pandemia del siglo XXI, el Covid-19, inspiró medidas de un dramatismo pocas veces visto, tales como el cierre de fronteras, la cancelación de vuelos durante semanas o el aislamiento compulsivo. Pero a pesar de que la ciencia y la medicina tienen recursos inimaginables hace solo unas décadas, que nos permiten reunir evidencias, interpretarlas y plantear el rumbo más certero para resolver este problema, el temor global desatado muestra que en ciertos sentidos la psicología colectiva reacciona como si todavía estuviéramos en la Edad Media.

Basta con enterarse de las múltiples «recetas» que se difunden para alejar la infección, como comer ajo, atiborrarse de vitamina C, ingerir cápsulas de omega 3, tomar alcohol, jengibre o jugo de limón, o 10 glóbulos homeopáticos diarios de Arsenicum album , o sorprenderse con la noticia de que alguien quiere hacerle una «carta natal» al nuevo coronavirus, o explicar su aparición por la conjunción de Saturno y Plutón (que «cuando se unen siempre hay un virus» (sic), para comprender que la humanidad conserva emociones ancestrales.