El peronismo del siglo XXI

¿Qué nos dice la presidencia sui géneris de Alberto Fernández sobre el peronismo actual? Aunque es atractivo presentar la división de tareas con la vicepresidenta Cristina Fernández como un choque entre la «razón» de él y la «naturaleza irreprimible» de ella, lo cierto es que hay dos razones en juego. Y en esa tensión se juega la identidad del proyecto peronista, en medio de la crisis económica y de la pandemia de covid-19.

Hay coincidencia en que el peronismo del siglo XXI, que ya va a cumplir 20 años (ninguno de mis alumnos de grado recuerda su nacimiento) es una respuesta a la crisis social del periodo 1998-2001. Y aunque en esto no haya tanto acuerdo, yo creo que es, además, una de las tantas respuestas a una crisis más larga en la que el peronismo del siglo XXI es parte involucrada y no, como pareció bajo la conducción de Néstor Kirchner, la solución.

En un comienzo, la recuperación económica veloz a «tasas chinas» producida durante el gobierno de Kirchner, con alta inversión, alto ahorro y baja inflación, nos hizo pensar que estábamos ante una nueva y original presentación del peronismo en sociedad y ante una respuesta incorporadora a la masiva pobreza urbana, tanto más activa que en el pasado a la hora de relacionarse con el Estado. Con un poco de benevolencia, podía caratularse ese experimento como un desarrollismo popular bendecido por el crecimiento económico y la creación de empleo. Sin embargo, fue un espejismo, pero un espejismo que confundió a muchos que creyeron ver en él una tendencia de largo plazo.