La Argentina offshore no se gobierna con solo ser Presidente

La falta de autocrítica que le reprocharon tantas veces al kirchnerismo parece haber encontrado por estas horas su reverso en el gabinete de Alberto Fernández. Como un mantra flagelante, sus colaboradores más cercanos reconocen en privado que faltó énfasis en reivindicar la cuarentena a medida que se acerca el pico de infecciones con Covid-19, que debieron haber explicado mejor a la sociedad la crisis de Vicentin para justificar su intervención y que tampoco estuvieron a la altura del desafío que plantea el anuncio de LATAM de levantar sus operaciones en el país y echar a casi 2 mil empleados. No es internismo fratricida ni un pase de facturas de la socia fundadora del Frente de Todos a su socio gerente, contra lo que suele otearse desde afuera, sino una catártica admisión de impotencia justo cuando la imagen presidencial transita picos insospechables cuatro meses atrás.

Cerca de Martín Guzmán, que chatea seguido con Diego Maradona desde que intercambiaron teléfonos en la Casa Rosada cuando apenas había asumido, lo ponen en términos futbolísticos. «Pudimos haber jugado mucho mejor estas semanas», dicen. En la propia Rosada, desierta desde que el médico le recomendó al Presidente quedarse en Olivos, Santiago Cafiero recuerda casi a diario lo que le advirtió cuando juró sobre ser jefe de Gabinete uno de sus antecesores más experimentados, Sergio Massa: «Fue el peor trabajo de mi vida».