La marcha atrás de Fernández en los caminos de Cristina y de Macri

Cuando Alberto Fernández pierde el centro, se desvanecen las ilusiones de la unidad nacional y emergen los límites estrechos de la conciliación. Dos semanas después del anuncio del Presidente en Olivos, la expropiación de Vicentin naufraga en un juzgado de Santa Fe y exhibe la fortaleza de los que, hace apenas seis meses, se fueron del gobierno con todas las promesas incendiadas. El banderazo republicano perforó el aislamiento y coronó la reacción del frente social-empresario que frenó en seco el decisionismo del porteño Fernández. Volvió a encarnar en la zona núcleo la prédica vacía del antichavismo irreductible y no entender las motivaciones ajenas no hace más que iluminar las debilidades propias.

Ese país que gana la escena no repara en que los directivos de la cerealera hayan dejado un tendal de heridos y hayan estafado incluso a productores sojeros: el ruralismo que aprendió hace 12 años a defender sus intereses sin replegarse sobre el ámbito de lo privado ya había tragado saliva con la suba de retenciones y estaba esperando su revancha. Sea la terquedad de CFK, la desmemoria de Fernández o el desconocimiento de los dos, la oportunidad de contradecir cualquier estatismo llegó con el invierno.