Las 5 diferencias con los default anteriores y lo que está en juego en la negociación con los acreedores

La Argentina entró ayer en lo que el economista Sebastián Maril, de Research for Traders, llamó un “default controlado” de su deuda externa, al no pagar un vencimiento de bonos globales por USD 503 millones al cabo del “período de gracia” de 30 días desde el vencimiento original, el 22 de abril, pero a la vez prorrogar hasta el 2 de junio el plazo para negociar los cerca de USD 66.000 millones sometidos a restructuración. Algunos observadores estiran el plazo final de negociación hasta fines de julio, cuando vence el período de gracia del próximo vencimiento importante que debe afrontar el gobierno, un pago de bonos “globales” de fines de junio.

No hay garantía de que algún acreedor o grupo de acreedores no pueda juntar al menos 25 % del valos de los bonos impagos para pedir una “aceleración” del default, lo que desbarataría el proceso negociador, pero hay dos indicaciones de que eso no sucederá.


De un lado, quienes negocian con la Argentina son los fondos de inversión más grandes del mundo que, aún de tener una porción suficiente de los bonos necesarios para pedir el default, tienen mucho más en juego en la actual negociación como para rifarlo en una jugada de resultado incierto y a largo plazo, que además tendría fuertes costo reputacional para figuras notorias como Larry Fink, el CEO de BlackRock, el administrador de fondos más grande del mundo.