Messi, Balón de Oro sin brillo

Tenía 10 guerreros a su servicio en la cancha y 25.000 gargantas rendidas en las gradas. Fuera del estadio, otros 50.000 compatriotas esperaban la fiesta de sus vidas. Entró al campo sonriente, el primero, como corresponde al capitán. Los primeros minutos evidenciaron lo que ya se sabe: Messi es el único liberado del equipo. Ni tenía que presionar en defensa, ni ponerse en las barreras. Ni un esfuerzo de más que le distrajera de su tarea principal: frotar la lámpara de su propio genio. Desde su primera jugada relevante, en el minuto 6, eligió la banda derecha: Höwedes le parecía una presa más sencilla que el curtido Lahm. Su internada encendió al estadio, que emitía un rumor cada vez que el astro tocaba la pelota.