No tan verdes: el lado oscuro de las energías renovables y tecnologías digitales

Hubo un tiempo en el que Linfen fue la ciudad más contaminada del mundo. La razón salta a la vista: se encuentra en pleno «cinturón del carbón» de China. La extracción del mineral, que ha propulsado el milagro económico del gigante asiático en las montañas que abrazan la localidad, hizo que el aire de Linfen se pudiese mascar. A pesar de que este oro negro continúa aportando más de la mitad de las necesidades energéticas del país, que será durante mucho tiempo el principal emisor de gases contaminantes a la atmósfera, la segunda potencia mundial ha iniciado una ambiciosa transformación industrial en la que adquieren especial relevancia las energías renovables y la movilidad limpia.

China tiene una gran ventaja a la hora de llevar a cabo su transición hacia este mundo naciente: es el mayor productor de metales y de tierras raras del planeta, medio centenar de elementos (concretamente, 30 y 17 respectivamente) poco conocidos que, sin embargo, son vitales para la consecución de la revolución verde y digital. No obstante, verde no es un color que predomine mucho en Baotou, una ciudad ocre de la provincia de Mongolia Interior que se conoce ya como el Silicon Valley de las tierras raras.