Por qué los K creen que Alberto Fernández en el fondo es de derecha

Los kirchneristas duros, esos que hablan de la «corpo» y la redistribución de ingresos, esos que le cantan a Cristina lo de «acá tenés los pibes para la liberación», esos que miran de reojo cualquier fortuna y cualquier iniciativa del capital privado, nunca terminaron de quererlo a Alberto Fernández. Si lo toleran de mala gana es solo porque la jefa lo puso de candidato para atraer votos independientes y ganar la elección. Para ellos, Alberto en el fondo es un pequeño burgués, un conservador, un amigo indisimulado del establishment. Y de Clarín, para colmo.

Allí están los proyectos del cristinismo que lo corren por izquierda, como el impuesto a las grandes fortunas impulsado por Máximo Kirchner o la idea de la diputada Fernanda Vallejos de que el Estado adquiera acciones de las empresas a las que subsidia en medio de la pandemia. Allí están los desaires de Hebe de Bonafini, que deja vacío su asiento en algunos anuncios del Presidente o le pide que hable de «presos políticos» cuando menciona a los ex funcionarios K que están tras las rejas, y no de delincuentes comunes, como los llamó Alberto. Allí está la propia CFK, que en público le recomienda que se acuerde de la militancia y no se deje llevar por «la tapa de un diario».