¿Quién dobla dos campanas?

Hay temas que pasan en Estados Unidos y se convierten en globales, hay asuntos más estrictamente nacionales y hay eventos cuyas puntas de iceberg asoman más allá de sus fronteras pero que se anclan en tradiciones e idiosincrasias más o menos autóctonas: es el caso de las consecuencias que tuvo la publicación de la columna de opinión del senador republicano Tom Cotton en el New York Times, en la que pedía intervención de las tropas militares para frenar a los manifestantes que ocupaban las calles en contra del racismo y que logró cargarse al jefe de la sección James Bennet, una figura estelar del periodismo que pintaba para ser el mismísimo sucesor del número uno de la redacción. En su sección, Bennet quiso hacer hincapié —en línea con muchos otros medios y también con Netflix y otras plataformas— en conocer lo que piensa “el otro lado” del progresismo azul de la Costa Este.

El acontecimiento puede leerse de varias maneras. Una, que estuvo circulando, es la que pregunta de si el New York Times actuó de manera demagógica al echar a un editor para mostrar cierto arrepentimiento ante el brote repentino (aunque poco significativo en términos absolutos) de baja de suscripciones que la columna generó entre sus lectores. Otra es la que pone el ojo en las diferencias entre “activismo” y “periodismo” —términos siempre discutibles, de ahí las comillas— y de cómo la desesperación y urgencia que despertó la gestión Trump, pero también un movimiento como el Me Too, entre los medios liberales estadounidenses estaría subvirtiendo esos conceptos.