También en el gobierno se extiende la preocupación

Si Mauricio Macri apelaba a las tormentas y los barcos para explicar la inestabilidad permanente de su gobierno, con apenas tres meses de gestión, Alberto Fernández ya está en condiciones de ampliar el diccionario del cataclismo. Coronavirus, guerra de precios entre gigantes del petróleo, derrumbe en las bolsas, devaluación acelerada en Brasil y paro de los sojeros contra el aumento de retenciones.

Con todo el gobierno pendiente de la reestructuración de la deuda que encara Martín Guzmán, el Presidente aguanta el día a día entre su rol de bombero y una agenda institucional que incluye reformas de corto y mediano plazo como la legalización del aborto, la reforma judicial que busca licuar el poder extorsivo de Comodoro Py y el fin de de la sociedad promiscua entre los servicios de inteligencia y los tribunales federales.


Valoradas por el arco oficialista y con capacidad de elevar la imagen de Fernández en algunas encuestas, son minimizadas por la oposición y pasan a años luz de la realidad urgente de mayorías que siguen haciendo malabarismos para llegar a fin de mes.