Tres meses encerrados en el Hipódromo de Palermo: lo que sabemos hasta ahora

Ángel Cruz es de Santiago del Estero, pero vive en Garín. Trabaja hace 12 años en uno de los stud (caballerizas) del hipódromo, en relación de dependencia. En condiciones normales, su jornada empieza a las 5 de la mañana: prepara al caballo, lo limpia y lo saca a galopar. Después le da de comer y lo vuelve a limpiar. Así, de lunes a lunes hasta las 18. Y con un franco al mes. Hace 21 días que Ángel no ve a su familia. “Podemos salir, pero no nos dejan entrar más”, dice a Cosecha Roja.

Hace tres meses que 200 peones rurales que trabajan en la villa hípica del Hipódromo de Palermo tienen prohibido regresar a sus casas. Pueden salir, pero con la amenaza de perder el trabajo. No es una directiva general ni alcanza a todo el personal: cuidadores, capataces y jockeys entran y salen cuando quieren. Los únicos encerrados son los peones.

¿Para quiénes trabajan los peones? No son contratados por Hipódromo Argentino de Palermo Sociedad Anónima (HAPSA), la empresa que tiene la concesión del hipódromo, sino por los dueños de los caballos que alquilan los studs en ese predio hípico. Si bien Hapsa no los contrata, tiene cierta responsabilidad por lo que sea que suceda dentro de su predio.