Un contradecálogo para López Obrador

Cuando México esperaba un plan, tuvo un púlpito. Cuando necesitaba un estadista, llegó un mesías con un decálogo.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, parece cada vez más empeñado en crearse un mundo a medida sin relación dialéctica con los dramas nacionales. El país no deja de sumar enfermos y muertos mientras el presidente publica como mensaje oficial de salida del coronavirus diez puntos de generalidades, moralina, pseudoecologismo banal y desopilante cantinela new age. O en el gobierno de México no hay estrategias claras o el cinismo es rampante. Ninguna de las dos opciones es buena.