Villa Azul, primer síntoma del temido desborde social que ya enciende alarmas del Gobierno

Una señora llora porque el test de coronavirus a su hijo le dio positivo. Una rata yace en un corredor de tierra entre casas de chapa y un charco de agua negra. Y una familia raciona un bolsón de comida -sin carne ni pan- para sobrevivir 15 días, por temor a no recibir antes nuevas provisiones.

Todas esas escenas dramáticas se vivieron en Villa Azul, el asentamiento repartido entre Quilmes y Avellaneda que desde el domingo pasado fue sitiado con vallas y policías en un operativo relámpago a cargo del gobierno bonaerense. Así se convirtió en uno de los principales foco de tensión ante el avance de la pandemia en uno de los distritos más hacinados del país y con mayor potencial de contagio.

Por estas horas, las autoridades no descartan repetir el esquema en otras localidades. La condición es que haya «muchos contagios y un foco ascendente».