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martes 13 de abril de 2021
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1.534.004 préstamos para pobres en las nueve semanas entre las PASO y las generales

El plan piloto arrancó en abril, con créditos de hasta 60 mil pesos para jubilados y pensionados a devolver en sesenta cuotas mensuales. A fines de julio, apenas tres semanas antes de las PASO, Mauricio Macri amplió el programa Argenta y le ofreció a cada pobre del país un préstamo personal de 3 mil pesos por hijo a un año o de 5 mil pesos por hijo a dos años. Por decreto para no perder tiempo, aunque tenía acuerdo opositor en el Congreso, el Gobierno desató una fiebre de endeudamiento popular de consecuencias económicas todavía imprevisibles. El miércoles posterior a las primarias, todos los beneficiarios de Asignación Universal por Hijo (AUH) y de pensiones no contributivas quedaron habilitados para pedir esos créditos personales por internet, mediante un trámite de quince minutos tras el cual les depositan la plata en cinco días. El viernes previo a las elecciones generales, apenas nueve semanas después, la ANSES ya había efectivizado 1.534.004 préstamos, además de otros 867.660 para jubilados y empleados en relación de dependencia con ingresos familiares inferiores a 32 mil pesos. Así, combinando la omnipresencia del Estado con la precisión teledirigida del big data, el macrismo inauguró el populismo financiero del siglo XXI. Fue como si cada día hábil entre las PASO y las generales hubiese llenado un estadio con 35 mil personas para entregarle un promedio de 10 mil pesos a cada uno. A reintegrar en 24 cómodas cuotas que se debitan directamente de la asignación mensual.

Sin tanta atención mediática como el auge de los hipotecarios UVA y de los nuevos ProCreAr indexados, cuya difusión también apuntaló a Cambiemos en las urnas pero cuyo impacto todavía es marginal, el programa Argenta se convirtió en su complemento masivo con una población bien definida: lo que el Papa y los marxistas yanquis denominan el “descarte social”. No hizo falta publicitarlo porque el rumor voló de boca en boca. La mengua de las changas y la devaluación de las propias prestaciones de subsistencia como la AUH, que empujaron a muchas familias pobres a endeudarse con usureros a tasas exorbitantes, hicieron que la acumulación financiera empujada por el Estado aterrizara en las villas y barrios obreros con comodidad.

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