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domingo 26 de septiembre de 2021
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11-S: los errores de inteligencia que impidieron evitar la tragedia

Arabia Saudí, país aliado y socio preferente de Estados Unidos, acapara todas las sospechas como rampa de lanzamiento, ideológica y material, del 11-S. Así lo creen los 1.800 familiares y amigos de víctimas del cuádruple atentado de 2001 en su reclamación de transparencia al presidente Joe Biden, mediante la desclasificación de material confidencial sobre la conexión saudí. Pero el compás de la duda traza un círculo más amplio, hasta abarcar a un sinfín de sospechosos habituales. Las preguntas alcanzan también al papel de las agencias de inteligencia a la hora de prever la masacre.

A muchos analistas les sorprende que los servicios de inteligencia de Estados Unidos parecieran no reparar en lo que se tramaba en Egipto y Pakistán, otros dos países aliados como Arabia Saudí. No era ningún secreto la arraigada actividad islamista en El Cairo o la efervescencia en Peshawar (Pakistán), cuartel general de los llamados árabes afganos, la legión de voluntarios que en los años ochenta luchó junto a los muyahidines en Afganistán contra el invasor soviético y que, una vez terminada la guerra —si es que ha terminado alguna vez—, regresaron a sus países de origen y esparcieron la yihad globalmente. De Argelia a Irak, de Siria a los suburbios de Bruselas colonizados por la barbarie del ISIS, se extendió una derivada ulterior de la inestabilidad que la guerra contra el terrorismo de George W. Bush provocó en la región.

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