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lunes 12 de abril de 2021
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1976-2021: el discreto regreso del negacionismo

Si algo molesta de la memoria de la dictadura que con tanta tenacidad la sociedad argentina ha sostenido es la constatación de que no fue un hecho meramente militar. Costó años, pero se fue abriendo camino la evidencia de los amplios apoyos civiles que la hicieron posible. Hasta Videla colaboró con esa memoria. Los empresarios “se lavaron las manos”, nos recordó, resentido, al final de sus días: “Nos dijeron: ‘Hagan lo que tengan que hacer’, y luego nos dieron con todo. ¡Cuántas veces me dijeron: ‘¡Se quedaron cortos, tendrían que haber matado a mil, a diez mil más!’”. Los empresarios, la Iglesia, varias figuras del liberalismo y buena parte de la prensa debieron lidiar durante décadas con su incómodo pasado de colaboración. Año tras año se vieron forzados a renovar sus declaraciones de apoyo a la democracia y sus gestos de rechazo a la dictadura. El Nunca Más parecería un acuerdo sólido.

¿Lo es? Imaginar que sí nunca fue del todo fácil. Pero en el último lustro el deterioro de ese acuerdo básico que creíamos tener se volvió patente. Primero fue el ataque sistemático al movimiento de derechos humanos que encaró el macrismo y el penoso pedido de “memoria completa” al que se sumaron sus intelectuales. La justificación de la dictadura quedaba a un paso, que no tardaron en dar sus seguidores en las redes sociales. Pero más preocupante que la mirada sobre el pasado es la actitud permisiva sobre las amenazas que pesan sobre el presente.

Las actitudes frente al golpe de Estado en Bolivia son un buen ejemplo del tenue compromiso de nuestras derechas con la democracia. Aunque se trató de un golpe militar con todos los condimentos de los que América Latina conoce muy bien: un coro de figuras públicas –desde Mario Vargas Llosa al entonces canciller argentino– salieron a justificarlo. Todavía en estos días el encarcelamiento de la mandataria de facto que asumió tras el derrocamiento de Evo Morales motivó un insólito debate en la prensa argentina, que escamoteó las palabras adecuadas para nombrar lo sucedido: Jeanine Añez fue apenas una “presidenta interina” y fue “designada”, ya que no está claro que haya habido un golpe en absoluto. Y, además, Morales se la buscó.

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