Fernández cerró la escuela del optimismo

La inflación es un problema, la emisión debe ser controlada y el campo es un actor central de la Argentina productiva. Con esas definiciones y un megapaquete de emergencia que apunta a reducir el déficit, a Alberto Fernández le alcanzó para diferenciarse del último cristinismo, postergar los reclamos sojeros y convencer a los mercados: el peronismo está dispuesto a hacer un ajuste a su manera para cumplir con el pago de la deuda que Mauricio Macri incubó a un ritmo temerario.

El Presidente quiere cuidar las reservas, potenciar un superávit comercial hijo de la recesión y la devaluación, y aumentar el ingreso de divisas. Para eso, necesita generar valor agregado en las exportaciones y que el ruralismo guarde sus tambores de guerra. Fernández decidió aumentar las retenciones y desligarse de su antecesor, tan voluntarista como generoso con un sector que -aunque haya sufrido la sequía- se vio beneficiado en todos los frentes por Cambiemos.