A Facebook y YouTube hay algo que les gusta menos que las tetas: la historia

Semanas de planificación y redacción hasta dar con un guion redondo, horas con el pincel en la mano para crear cada una de las ilustraciones, buscar la banda sonora adecuada, locutar el audio, editar el material, subirlo a Facebook, ver cómo el vídeo tiene éxito, se comparte en redes sociales y acumula cientos, miles, decenas de miles, centenares de miles de reproducciones… Y todo sin que ese trabajo revierta ni un mísero euro en el bolsillo de sus creadores.

Desde hace meses Academia Play ve con pasmo creciente cómo Facebook les impide monetizar algunos de sus vídeos de divulgación histórica. La página supera el requisito de tener 10.000 seguidores y asegura cumplir todas las exigencias, elabora contenido propio, sus vídeos no hacen apología de la violencia, el odio ni ningún tipo de discriminación y, a pesar de eso —por alguna razón que no alcanzan a comprender— el bot de la red social de Zuckerberg le impide monetizar parte de sus producciones. Cuando eso ocurre, el vídeo es visible y sigue acumulando visitas en su página, pero por una lógica similar a la que ha llevado a Facebook a censurar cuadros de Rubens o incluso la milenaria estatuilla de la Venus de Willendorf, lo hace sin insertar publicidad.


¿La razón? A Facebook parece que hay algo que le gusta menos que los pechos de la Venus de Willendorf, esculpida hace más de 30.000 años, o las carnes rollizas de El Triunfo de Baco de Michaelina Wautier, cuadro que también vetó por su parquedad de vestuario: la historia.