martes 13 de noviembre

A las petroleras no les gustan las políticas medioambientales. Así que están promoviendo las suyas

Ha surgido un aliado inesperado en la lucha por gravar las emisiones de CO2: Exxon. Al parecer, la petrolera más grande del planeta va a destinar alrededor de un millón de dólares para convencer a los ilustres representantes del Congreso estadounidense de su necesidad. Es un movimiento contraintuitivo: nadie esperaría que uno de los conglomerados privados más emisores del planeta promoviera un impuesto a las emisiones. Pero tiene cierto sentido.

¿Por qué? Porque como explican en Vox, Exxon lo que quiere, en realidad, es moldear las políticas medioambientales a su gusto. Gran parte de la industria automovilística, extractora y minera ya ha llegado a la conclusión de que nuevas y gravosas regulaciones son inevitables. Así que se está movilizando para que se adecuen a sus intereses en la medida de lo posible. El movimiento de Exxon buscaría reducir daños, y sería lógico.


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