A nadie en el mundo le importan menos las opiniones de sus lectores ahora mismo que a J. K. Rowling

Las redes sociales han logrado hacer que podamos acercarnos a los creadores. Conocer mejor cómo viven el día a día, saber qué es lo que les motiva y qué puede formar parte de su inspiración para hacer sus obras. También ha servido, claro, para saber en tiempo real de qué pie cojean.

Eso se ha vuelto en contra de algunos creadores, como el responsable de Sherlock, Steven Moffat, de quien se ha descubierto que la mala construcción de sus personajes femeninos puede no ser un descuido como tal sino más bien un plan calculado de no atender a un tipo de personajes (todo un género, nada menos) que no le interesa desarrollar. Le pasó parecido a Alejandro Jodorowsky, que parece estar tan mal de la olla como delirantes son sus películas. Y parece que ahora a muchos se les está cayendo la careta con J.K. Rowling.