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domingo 11 de abril de 2021
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Aaron Swartz, el chico que no pudo cambiar al mundo

No suelo estar muy al día con el fútbol. De los partidos me entero por los gritos cuando alguien mete un gol (o lo erra). Pero ayer, con el primer superclásico desde el fin de Fútbol para Todos, muchos de los gritos y ecos entre edificios estuvieron ausentes. El premium es caro y el streaming se corta, y es por eso que parece haber revivido la costumbre de invadir bares para mirar fútbol.

Es interesante cómo nos acostumbramos a vivir según las leyes de propiedad intelectual. Damos por hecho que toda información tiene dueño, y si algo se vende, entendemos que es porque le pertenece al que lo vende. ¿Pero hasta dónde llegan estos derechos? ¿Cómo funcionan las leyes de propiedad intelectual? ¿Debemos celebrar o criminalizar la creatividad?

«No hay justicia alguna en obedecer leyes injustas » es en gran parte la idea que motivaba a Aaron Swartz, un activista y programador estadounidense. Es probable que no hayas oído hablar de él, pero sin el esfuerzo de él y otros activistas hace algunos años internet no se hubiera salvado de uno de los mayores atropellos a la libertad de expresión en su historia. Sin este esfuerzo, cualquier sitio web que pusiera un enlace a un contenido con copyright hubiera quedado expuesto a ser dado de baja apenas con una denuncia. Las consecuencias de esto son aterradoras si tenemos en cuenta que no siempre es claro el límite entre lo que está protegido por copyright y lo que pertenece al dominio público.

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)