lunes 17 de diciembre

Aborto en el Congreso: lobby en la mesa familiar

Hay al menos cinco listados que circulan en los pasillos y las comisiones del Congreso, horas antes del comienzo del debate. Esos recuentos no giran alrededor de un proyecto particular. Es una pregunta sin matices: ¿Están los diputados de acuerdo o en contra de la posibilidad de que una mujer interrumpa voluntariamente un embarazo?

Los cinco listados coinciden a grandes rasgos: el de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito; el de Clarín (102 votos en contra y 94 a favor); el de Economía Femini(s)ta (38,52 por ciento a favor, 42,8 en contra, 7,78 no confirmado); y los de dos legisladoras que cuentan los votos para que la Cámara de Diputados apruebe en comisiones y en el recinto la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (101 a favor, 101 en contra, 53 sin confirmar, dos no votan). A pesar de las diferencias, lo cierto es que hay equilibrio entre apoyos y rechazos, y los que definirán serán los indecisos.


Pero el encasillamiento frío que se traduce en esos archivos de excel pierde de vista el proceso que está atravesando la clase política argentina, recién nacida a un debate que el movimiento de mujeres tiene masticado y digerido desde hace años. Para muchos legisladores nacionales la discusión sobre el aborto está pasando a ser una discusión de políticas públicas y no de cuestiones morales.

Lo puso en palabras en las últimas horas la jujeña María Gabriela Burgos, presidenta de la comisión de Legislación Penal, una de las que participará de la discusión. “Quiero escuchar y aprender… hay opciones, como modificar el Código Penal, sacar la punibilidad a la mujer. Soy católica pero bajo ningún aspecto voy a llevar mi fe a este debate”.

Después de un proceso social y político cuyos orígenes podríamos encontrar en la Ley de Divorcio, los argumentos que el feminismo amasó durante tanto tiempo empezaron a golpear a las puertas del Congreso.

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