Aborto legal: la ley del deseo

    La vida se impone sobre la muerte. Por eso, por segunda vez en dos años, en el Congreso se escuchará hablar de la interrupción voluntaria del embarazo como derecho.

    Lo dice con claridad el proyecto de ley que, a fuerza de militancia, de lobby, de reclamos justos pero siempre postergados con argumentos de ninguneo (¿cuántos años escuchando que son otras las prioridades?, ¿que con el dinero destinado a salvar vidas de mujeres se podrían hacer otras cosas?, ¿que las creencias privadas de algunos deben regular las vidas de todes, propios y ajenos?), va a llegar a los recintos donde votan diputados y senadores. Lo dice también el estallido de deseos que llenó redes sociales y chats de corazones verdes, del mantra que desde hace días desparrama Vilma Ibarra: “hay que debatir, persuadir, explicar que las cosas como están hoy están muy mal. Se penaliza el aborto y los abortos suceden”.

    Con la foto de las históricas como estampita, con la imagen de los pasos de baile de Nelly Minyersky, Nina Brugo, Marta Rosenberg, Dora Barrancos en la calle, nos encaminamos a cerrar un año que nadie podía imaginar el 19 de febrero, ese día luminoso tan lejano hoy, cuando el pañuelazo de la Campaña por el Derecho al Aborto sembró de alegría la zona del Congreso. Miro las fotos de una marea verde, en verano, ante un escenario con el parlamento de fondo y miles coreando lo que las chilenas de Las Tesis cantaban sobre el escenario. Parece de otra era, pero fue este mismo año, semanas antes de que por primera vez un presidente reivindicara la legalización del aborto en voz alta, en la apertura de las sesiones.