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lunes 14 de junio de 2021
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Adiós a la reelección

Primera certeza: Alberto Fernández, si alguna vez tuvo ese albur, ya ni sueña con la reelección, un propósito razonable para cualquier presidente en su primer mandato. Ahora, apenas si aspira a completar el período que le resta con la ayuda de Dios, asistencia celestial que este jueves le rogara al papa Francisco. Ha quedado minusválido en menos de dos años de gestión, convertido en un mandatario de transicion o de transacción si uno apela a la delicia optativa reservada al caso del arrepentido poeta cubano Heberto Padilla, quebrado durante el régimen de Fidel Castro.

Al argentino, para doblarse, no hubo necesidad de encarcelarlo ni torturarlo. Se condenó solo en un ultimo episodio: como un aficionado político le reclamó la renuncia a un subalterno sin consultar a Cristina de Kirchner y el funcionario (Federico Basualdo, subsecretario eléctrico), un protegido de ella, se negó a presentarla. Bullicio por el escándalo del segundón rebelde que no cumple una resolución del jefe de Estado y cuestiona la autoridad. Error: quien salteó la cadena de mandos fue el propio Alberto al atreverse, sin notificar a su mandante Cristina, despedir a Basualdo, hijo de un economista que aporta papers en el Instituto Patria y ella admira según confesó en su libro best seller.

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