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viernes 23 de octubre de 2020
Periodismo . com

Al coronavirus y el VIH los iguala el abandono político de sus contagiados

Lo primero que escuchamos sobre el COVID-19 fue la búsqueda de un culpable. De una sopa, de un murciélago, de un país. Antes de tomar conciencia de la magnitud del tema, de la prevención y los riesgos cercanos, apareció el odio y la necesidad de responsabilizar a alguien. La estructura no es nueva: cuando aparece un virus, se señala de inmediato a un responsable que no sea el hombre blanco y heteronormado.

Mi cuerpo VIH positivo tiene una historia que excede mi edad y mi tiempo de diagnosticado. Cuando vi lo que pasaba con el COVID-19 no tardé en pensar que, en cierto punto, podía llegar a ser similar a lo que pasó en los comienzos del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) y el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Pero un artículo publicado por el activista VIH positivo Mark S. King, diagnosticado en 1985, me hizo tomar otra carretera de pensamiento.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)