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domingo 26 de septiembre de 2021
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Al Qaeda tras el 11-S: de red terrorista global a explotar conflictos locales

La muerte de 2.997 personas el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos entronizó a Al Qaeda al frente de la yihad armada global. Fue su golpe maestro, pero también una condena. Convirtió al grupo en prófugo de la justicia estadounidense bajo la amenaza de la pena capital. Y eso debilitó su proyecto, como muestra la correspondencia que los Navy Seals que mataron a Osama Bin Laden en mayo de 2011 se incautaron en su domicilio de Abbottabad, Pakistán. Una de las cartas de miembros de la red terrorista narraba el rapto en Yemen de varios extranjeros en 2009. “Hace aproximadamente un año”, dice la misiva, “secuestramos a nueve cristianos, entre ellos alemanes, un británico y una coreana. Los hermanos mataron a tres mujeres. Entonces, una mujer y su marido se resistieron y fueron asesinados junto al británico (…). Las cosas no nos salieron bien y no teníamos experiencia en secuestros (…). Tampoco teníamos un buen escondite y eso nos impidió explotar estos secuestros como debiéramos. El acuerdo (…) era que tú te encargarías de las negociaciones, pero la falta de comunicaciones impidió que esto sucediera”.

Esta misiva rescatada en Abbottabad, una de tantas, está redactada por el libio Atiyad Abd al Rahman, un veterano yihadista cercano a Bin Laden, y va dirigida a “Basir”, en referencia a Abu Basir o Nasser al Wuhayshi, yemení líder de la rama de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), una de las más activas en estas dos décadas. Emisor y remitente están ya muertos, ambos abatidos por drones estadounidenses.

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