martes 11 de diciembre

Alaska, el estado número cuarenta y nueve

El 9 de abril de 1867 Estados Unidos compró Alaska al Imperio ruso. Lo que en un principio fue una transacción muy cuestionada y que, de hecho, estuvo a punto de no salir hacia delante pronto se convirtió en una gran fuente de riqueza mineral. A finales del siglo XIX, la fiebre del oro despejó el escepticismo sobre la adquisición del territorio e incentivó su desarrollo. Más de medio siglo después, ya como el estado número cuarenta y nueve de Estados Unidos, el oro negro se convirtió —con protestas ecologistas de por medio— en la gran baza de Alaska.

La incorporación de Alaska a los Estados Unidos no es más que el resultado de una transacción similar a la de otros territorios que en la actualidad forman parte del país. Su historia es la de un ambiente extremo para el ser humano que, con el paso del tiempo, demostró su riqueza y fue ganando en población y desarrollo hasta convertirse en un lugar tan exótico como valorado.


El 9 de abril de 1867 la remota región de Alaska, que por aquel entonces suponía un cuarto del territorio total de los Estados Unidos, fue adquirida en una operación de compra al Imperio ruso. No obstante, no fue hasta bien entrado el siglo XX, en 1959, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower aprobó la constitución de Alaska como el estado número cuarenta y nueve del país. Desde entonces, los habitantes del estado han gozado de los mismos derechos y deberes que los de cualquier ciudadano estadounidense, con la diferencia de que sus condiciones de vida no tienen punto de comparación con las del resto de sus compatriotas.

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