Alberto Fernández, un presidente con menos poder del previsto y una agenda plagada de urgencias

La dinámica de la crisis argentina hizo que todos los tiempos se acortaran. El festejo de Alberto Fernández y Cristina Kirchner fue breve y cargado de mensajes de advertencias.

A Mauricio Macri, en el sentido de defender las reservas del Banco Central, sin escatimar medidas antipáticas y a no anteponer los deseos de una salida elegante sin costo político.


La respuesta fue también rápida y contundente: a la medianoche, el Banco Central estaba anunciando que el tope para comprar dólares se limitaría a u$s200. Es decir, casi casi el cepo con el que había terminado Cristina y que durante años fue motivo de las críticas macristas.

La otra advertencia fue para la propia militancia. Porque detrás de las evocaciones emotivas a Néstor Kirchner en el aniversario de su fallecimiento, detrás de la retórica encendida de reivindicación a los movimientos «nacionales y populares» de América latina y más allá de las promesas de «nunca más neoliberalismo», hubo un pedido entrelíneas para los enfervorizados partidarios kirchneristas.