Alberto Fernández y la mafia del INdeR

Cada vez que Alberto Fernández dice en una entrevista, y ya lo escuché en varias, que nunca fue acusado de corrupción, no puedo dejar de pensar que es un hombre con suerte, ya que sus dos principales denunciantes están muertos.

La historia de Alberto Fernández con la corrupción menemista y sus denunciantes fallecidos viene a cuento porque tras las PASO Fernández quedó muy cerca de la presidencia y sería bueno que hable del tema, que presente las explicaciones del caso, porque dudo que lo haga una vez que se instale en el sillón de Rivadavia. Estaría bueno saber si se arrepiente de algo de lo actuado en esa época nefasta en que el Estado argentino fue rematado a precio vil con la complicidad silenciosa de sus propios agentes, incluido el propio Fernández.


Así como hubiera estado bueno que alguien le preguntara a De la Rúa por su trabajo como abogado de Yabrán o la venta de sus emprendimientos mineros en Tucumán a la Barrick Gold durante la campaña de la Alianza, pero nadie lo hizo para no hacerle el juego a la corrupción duhaldista; así como hubiera estado bueno preguntarle a Néstor Kirchner durante la campaña del 2002 sobre cómo fugó del país las regalías petroleras de Santa Cruz, pero nadie le preguntó para no hacerle el juego a la corrupción menemista; así como nadie le preguntó en la pasada campaña a Mauricio Macri por su condena por contrabandear autopartes desde Uruguay para no hacerle el juego a la corrupción de Cristina y Scioli, y así nos fue en cada caso, ahora quienes conocen esta historia callan otra vez, presumiblemente para no hacerle el juego a la corrupción macrista. No me parece. Porque al menos que haya cambiado mucho, dada su historia, y más allá de sus virtudes como estratega político y hombre de diálogo, sería ingenuo pensar que durante su presidencia Fernández se pondrá al frente de una cruzada contra la corrupción. Tan ingenuo como haber pensado que lo haría alguno de sus antecesores. Me parece que todos los candidatos deberían poner todas sus cartas sobre la mesa a la hora de pedir nuestro voto y que los periodistas deberíamos controlar que así sea, más allá de cualquier especulación política. Ya va siendo hora.