lunes 28 de noviembre de 2022
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Alberto y el sueño de que mis hijos quieran los pesos

A nivel país, el brindis de fin de año debería ser más o menos unánime en línea con pegarla con un plan económico que nos permita bajar la inflación para siempre y recuperar una moneda nacional, como resultado de un proceso de crecimiento y estabilización duradero que saque gente de la pobreza, promueva la inversión y el empleo y reviva el crédito hipotecario, por decir algo.

Porque no sé si les pasa a los lectores de esta columna, pero a este ritmo, nuestros hijos -los más grandes míos hoy tienen 7 y 9 años- directamente no van a conocer el peso o como se llame lo que se imprima en nuestro país en un futuro no tan lejano.

Si la desconfianza en nuestros papeles con cara de próceres o animales ya es un drama de la actualidad, al punto que todo lo que circula lo queremos transformar de forma compulsiva en bienes o monedas extranjeras con todo los males que ello nos traen, el tema puede dar otra vuelta más a partir del impacto de la tecnología en la cabeza económica de las nuevas generaciones.

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