Alberto ya construye, en espejo, a Macri como jefe opositor

Cuando Alberto Fernández, pasada la sorpresa de su candidatura ideada por Cristina Fernández de Kirchner, armó el equipo que diagramaría su campaña, con Santiago Cafiero, Juan Courel y su vocero Juan Pablo Biondi, imaginaba que el cronograma electoral se extendería hasta el ballottage. «El objetivo era ganar por 1 punto», recuerda uno de aquella primitiva mesa chica. Como hizo Cambiemos en 2015, una ironía.

La dinámica realidad argentina dio por tierra pronto (en las PASO) el debate de la transferencia de votos de la ex Presidenta, el techo del 30% del kirchnerismo, la habilidad maquiavélica electoral de Marcos Peña y su «efecto Pichetto». La fórmula del Frente de Todos superó por 15 puntos la papeleta oficialista. Después llegaría el «Sí se puede Tour» y la remontada de Mauricio Macri hasta la derrota digna del primer presidente que buscó sin éxito su reelección.


«¿Ahora dicen que perdimos? Si ganamos en primera vuelta y por 8 puntos», se indignan en las oficinas albertistas de calle México. El antecedente que esgrimen es el de 1989 y los números son parecidos: Carlos Menem ganó esos comicios con el 48% y el candidato oficial Eduardo Angeloz pasó el 37%. «Con la hiperinflación, igual el radicalismo sacó cerca de 40 puntos», es la analogía albertista con la economía macrista. Y concluyen que a Macri en esta campaña sí surtió efecto la polarización al anticipar la segunda vuelta que no fue, acaparando por derecha votos de los otros competidores.