¿Alguien sabe qué hay en la cabeza de Macri aparte de las encuestas?

Cuando el presidente Macri se manifestó públicamente a favor del debate por la legalización del aborto, un alto (pero muy alto en serio) dirigente del PRO me dijo al ver mi entusiasmo: «¿En serio creés que se hace porque hay preocupación por las muertes de mujeres pobres en aborto ilegales? Lo único que hay es lo que dicen los focus groups: el aborto sirve para agrietar más la grieta, molestar al Papa «K» y como bomba de humo para hablar de esto y no de la economía. No seas ingenuo. Importa un bledo la muerte de las mujeres que abortan con agujas de tejer. Es la política electoral para ganar, estúpido”.

No puedo dejar de pensar en este veterano hombre que acompañó desde el inicio la carrera de quien en unos días se despide de la Presidencia. Me lo imagino leyendo esto con una sonrisa. No le creí. Casi que hoy debería pedirle disculpas.


La anulación del protocolo Rubinstein sobre el aborto no sólo es la palmaria demostración de que a la gestión Macri jamás le interesó la salud pública de las mujeres, sino que se transforma en una cruel metáfora inapelable del modo de ejercer la política por esta alianza de gobierno a base de testeo aséptico y sin escrúpulos de la opinión del momento con independencia de lo que se siente y piensa con profundidad de las cosas.