Alimentos que ya tienen fans como las estrellas de rock

Está en todos lados: en puestos callejeros, en verdulerías y en supermercados. Hasta un restó neoyorquino la tiene como su único ingrediente y uno de los puestos de la feria Masticar la ofrecía como principal opción en el menú. Sí, la palta es, sin duda, uno de los alimentos de culto, una de esas cosas que trascienden la frontera meramente gastronómica si tenemos en cuenta que también se instaló en la moda: remeras con la leyenda Avocado seguido de queen, princess, lover o toast son furor, al igual que accesorios que tienen al fruto como elemento decorativo. Lo curioso del caso es que hace unos 20 años, la palta, al menos en Buenos Aires, era una rareza. Conseguir una en la ciudad equivalía a ganarse la lotería (o la quiniela, para no exagerar). La poca que había llegaba de Chile y su temporada duraba días. Hoy es un fruto casi omnipresente en la vida de los argentinos y de buena parte del planeta.

¿Pasará lo mismo con el kale, la verdura que desde hace dos años viene imponiéndose entre los cultores de la movida healthy a base de sus infinitas propiedades y beneficios para la salud? ¿Y qué sucederá con el matcha, el té verde de hoja entera pulverizada que es otro de los ingredientes del momento? ¿Podrá el teff, el cereal más pequeño del mundo, que es furor en Europa, disputarle el reinado a la quinoa? ¿Y qué pasó con el wheatgrass, la clorofila bebible que tuvo su momento del gloria hace cinco años?


Que un alimento se imponga y pase de ser sólo una moda pasajera depende de varios factores. Según la cocinera Narda Lepes, miembro de Acelga, para que un alimento prenda debe haber alguien que lo produzca. «Una cosa es lo que se produce acá y otra lo que se trae de afuera como el matcha, que me encanta, pero tiene un límite. Si lo hacés acá, yo lo uso. Algo se pone de moda y prende cuando se consigue. Pasó con la palta o con la granada, que antes no había y ahora hay porque hay plantaciones. La batata zanahoria la pusimos de moda en Masticar. Iba a dejar de producirse, pero la usamos en la feria y prendió -dice Narda-.Tiene sentido que se consuma lo que se produce. Lo otro, no», sostiene la cocinera, que acaba de lanzar su último libro, ÑamÑam, y está por abrir un restó en el bajo Belgrano.