sábado 27 de noviembre de 2021
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Ámbito Financiero: liberalismo plebeyo y sueños burgueses

Durante los años setentas se produjo una revolución cultural que marcaría la conducta de los argentinos durante los cuarenta años siguientes. Ese quiebre en la consciencia colectiva conoce un instante preciso: la noche del miércoles 4 de junio de 1975, cuando el ministro de Economía peronista Celestino Rodrigo dio una conferencia de prensa anunciando un feriado cambiario de 5 días y una devaluación que aumentó el dólar comercial un 160% y la nafta un 181%. El shock alimentó un reflejo especulativo que desde entonces acompañó a cualquier argentino con una mínima capacidad de ahorro. “No fue en 1975 que nos enteramos de que existían los bonos, los dólares, las bicicletas, etcétera; en 1975 nos dimos cuenta de que operar con ellos, que siempre nos pareció que sólo podría ser hecho por media docena de expertos, era más fácil de lo que parecía”, señaló Juan Carlos de Pablo seis años después del Rodrigazo. El ulterior plan económico de Martínez de Hoz aspiraba a disciplinar a esa sociedad dolarizada dentro de un orden de ahorristas frugales e inversores audaces que valorizaran esos ahorros bancarizados, sin industria parasitaria que entorpeciera el torrente financiero. Entre 1977 y 1979 los depósitos crecieron un 500% y al final de la década la cantidad de bancos se había duplicado a más de 200.

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