jueves 18 de agosto de 2022
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AMIA: una versión intolerable para una verdad oficial con pies de barro

A horas del atentado a la AMIA cometido en 1994 (85 muertos), las versiones de Inteligencia reinaron en las investigaciones judiciales y los títulos periodísticos. Hubo podredumbres de todo tipo, que cada cual validó o rechazó en función de sus intereses y creencias. La hipótesis estelar y más duradera, portada por los gobiernos de Israel, Estados Unidos y Argentina, indica que los atentados habrían sido obra del régimen iraní, que habría planificado y ejecutado la acción de propia mano, junto a colaboradores instrumentales.

Esa especie, así planteada, acaba de ser atravesada por otro relato de Inteligencia que la dejaría al desnudo con toda su endeblez.

El corresponsal del New York Times en Tel Aviv, Ronen Bergman, publicó el viernes el contenido de un informe atribuido al servicio secreto israelí, Mossad, que concluye que los atentados contra la Embajada de Israel, en 1992, y contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en 1994, fueron obra de una célula del movimiento chiita libanés Hizbolá, sin participación de elementos argentinos ni iraníes en la organización ni en la ejecución.

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