Año nuevo, brecha nueva: comienza la prueba ácida para el dólar Guzmán

El desdoblamiento cambiario de hecho impuesto por el ministro de Economía, Martín Guzmán, tiene como objetivo fundamental la administración de las reservas escasas que el Banco Central recibió de la administración de Mauricio Macri, algo de lo que depende que el país siga funcionando, de modo de seguir importando los insumos y bienes que necesita y, mientras se renegocian los vencimiento de deuda, evitar un default en toda la regla. Sin embargo, los esquemas de control de cambio, por ineludibles que resulten, como es el caso actual, tienen un talón de Aquiles: la brecha que acumulan entre el tipo de cambio oficial y los paralelos, creciente en la medida en que estos últimos pasan a recibir la demanda reprimida en el mercado oficial. ¿Cuál es el peligro de una brecha creciente? Básicamente, la generación de expectativas de suba del dólar oficial, algo que siempre trae aparejado en la Argentina saltos bruscos de la inflación, retracción del consumo y recesión. ¿Cuáles son entonces los niveles críticos, las luces amarillas que surgen de la comparación con experiencias recientes?

“La brecha cambiaria es un problema y el mayor de esos problemas es que el dólar libre en cualquiera de sus variables, ya sea el blue, el MEP (N. del R.: Mercado Electrónico de pagos o ‘dólar bolsa’) o el ‘contado con liquidación’ (CCL), empieza a ser considerado como el de referencia, por encima del oficial. Ese es el primer inconveniente que genera un desdoblamiento cambiario”, le dijo a Letra P el analista financiero Christian Buteler.