lunes 19 de noviembre

Aprender de la pornografía

Drew tenía 8 años y estaba cambiando los canales en su casa cuando se encontró con el programa Girls Gone Wild. Unos años más tarde se topó con el porno blando de la programación nocturna de HBO. Luego, en secundaria, encontró sitios pornográficos que podía ver desde su teléfono móvil. Los videos eran buenos para tener orgasmos, dijo, pero también le daban ideas de posiciones sexuales para poner en práctica con sus futuras novias. De la pornografía aprendió que los hombres deben ser musculosos y dominantes en la cama, y hacer cosas como darle vuelta a las chicas y ponerlas bocabajo durante el sexo. Las chicas gimen mucho y las excita prácticamente todo lo que hace un chico seguro de sí mismo.

Sin embargo, en el bachillerato, a Drew, estudiante de cuadro de honor que ama el béisbol, escribe canciones de rap y aún confía en su madre, comenzó a preocuparle que la pornografía influyera en su percepción de las chicas de la escuela. ¿Sus senos serían como los que veía en la pornografía? ¿Las chicas lo mirarían como lo hacían las mujeres de las películas al tener sexo? ¿Le harían sexo oral y todas las otras cosas que veía?


Drew, quien me pidió que usara uno de sus sobrenombres, estaba en bachillerato cuando lo conocí a finales de 2016 y me contó parte de todo esto una tarde de jueves, mientras nos encontrábamos en un pequeño salón de conferencias con muchos otros alumnos, esperando a que comenzara un curso extracurricular. Junto a Drew estaba Q, quien me pidió que lo identificara por la inicial de su apodo. Tenía 15 años, era buen estudiante, fanático del béisbol y también se sentía bastante desorientado sobre la forma en que la pornografía se traducía a la vida real. Según me contó a lo largo de varias conversaciones, no solo la pornografía lo confundía, sino también las imágenes violentas en Snapchat, Facebook y otras redes sociales. Como el gif que vio en el que un hombre empuja a una mujer contra la pared y en el que una chica comentó: “Quiero un hombre así”.

Recostado en su silla, Drew dijo que le parecía que las chicas buscan a un rufián en lugar de a un chico inteligente y sensible. Pero ¿realmente lo desean? ¿Era una pose? ¿Las chicas creían que eso era lo que debían desear? Ninguno de los dos sabía. A unos cuantos asientos de distancia, un estudiante de segundo año que había permanecido en silencio hasta ese momento agregó que quizá las chicas tampoco lo sabían. “Creo que las redes sociales hacen creer a las mujeres que desean algo”, dijo, aclarando que no había visto pornografía más que algunas veces y no le agradaba. “Pero creo que algunas chicas están asustadas”.

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