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sábado 31 de octubre de 2020
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Apretar el botón rojo siempre deja a alguien lastimado

La decisión de apretar el botón rojo la tomó el Presidente una semana antes del anuncio, en la soledad de Olivos y antes del motín de la Bonaerense. La discusión interna ya se había librado a cielo abierto durante casi dos meses, contra lo que recomiendan todos los manuales de comunicación política. En el medio estalló la crisis policial. Y Martín Guzmán, enfrentado con Miguel Pesce, cometió la imprudencia de exponerse en el lugar y en el momento equivocados. Fue el sábado, cuando apareció publicada en La Nación una conversación que había mantenido el jueves en su despacho con el secretario general de redacción de ese diario. «Queremos ir en la senda hacia la normalización, no hacia cerrar aún más, porque eso sería una medida para aguantar. Nosotros no venimos a aguantar, sino a tranquilizar la economía», proclamó el jefe del Palacio de Hacienda.

El presidente del Banco Central venía insistiéndole a su amigo Alberto Fernández con que pulsara el botón a fondo. Aunque finalmente el mandatario decidió mantener habilitado el cupo de 200 dólares por mes para los ahorristas, en todo lo demás atendió sus razones y desautorizó al ministro que menos de un mes antes, canje de la deuda mediante, había emergido como el primus inter pares del gabinete. La detracción de los gastos con tarjeta de ese cupo, la retención a cuenta de impuestos del 35% (adicional al impuesto PAIS) y el cierre total de la canilla de divisas para el pago de deuda de las grandes empresas llevan la firma y sello de Pesce.

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